17/11/11

: El Mago y la Bruja (3ra Parte)


Nombre*:Mari Carmen
Género*:Fantástico
Título*:El Mago y la Bruja (3ra Parte)
:
Capitulo III

Ahdar

Ese día ya no fui a trabajar. Fuimos a los Bisquets de Obregón, en la esquina de Cuaúhtemoc y Romero de Terreros. Escogimos la mesa del fondo para sentarnos y no ser molestados.

-¿Tienes alguna idea de por donde podemos comenzar?
-Sí- contestó Soid –Tenemos que atrapar al Nordal que te atacó y...
-¡Olvídalo!
-Escucha, son ayudantes de brujos y hechiceros muy poderosos. A estas alturas, su dueño debe de estarlo buscando. Si atrapamos al Nordal, nos llevará con su amo y éste podrá ayudarme- dijo Soid
-Y dime, genio, ¿Cómo vamos a encontrar al Nordal?
-No te preocupes, sólo habrá que esperar a que tenga hambre
-Quieres decir que...
-Se te volverá a subir el muerto. Los Nordales suelen alimentarse siempre de la misma presa cada tercer día.
-¡¿Qué?!


Soid se echó a reír ante mi cara de asombro. Yo me limité a palidecer antes de tiempo.

-Soid, si su amo ya lo encontró y ya está en Sajurb ¿Qué haremos?
-Pasaremos al plan B
-¿Cuál es el plan B?
-Ni idea

Para fortuna nuestra, mi madre fue invitada a Cuernavaca toda la semana, así que tuvimos la casa a nuestra entera disposición. Soid se quedó en el departamento esa semana.

El miércoles en la noche, esperábamos impacientes la llegada del Nordal. Yo permanecía en la habitación acostada, mientras Soid estaba en el cuarto de junto. Dieron las doce, la una, las dos de la mañana y no pasaba nada: tendríamos que recurrir al plan B, que ni siquiera habíamos elaborado.

Estando completamente dormida de lado, con la cabeza apoyada sobre mi brazo, creí escuchar algo: era una voz ronca murmurándome al oído. Giré la cabeza abriendo lentamente los ojos: era el Nordal con su inmaculada sonrisa. Grité, pero mi alarido se ahogó con el dolor que causaba el Nordal atravesándome el pecho con la mano. Poco a poco fui quedando inconsciente.

A la mañana siguiente desperté con migraña. Fui a la cocina por mi acostumbrado café. Soid estaba preparando el desayuno: unos huevos rancheros y un jugo de naranja.

-Siéntate, tienes mala cara- dijo recorriendo la silla de la mesa
-¿Por qué será?- pregunté sarcásticamente
-Lo importante es que ya lo tenemos- respondió Soid
-¿Dónde está?
-Encerrado en el baño. Son bastante fuertes, jamás me había tenido que enfrentar a uno- dijo sirviéndome los huevos rancheros

Después de terminar de desayunar, fuimos al baño. Abrí la puerta y Soid sostuvo al Nordal.

-¿Qué haces aquí?- pregunté – en este plano...
-Aquí vivo desde hace tres años- contestó el Nordal

Miré a Soid extrañada por la respuesta

-Eso es imposible, tu amo ya te habría encontrado y hubieras vuelto a Sajurb- respondió Soid sujetando fuertemente desde atrás al Nordal, que forcejeaba por escapar – A menos que tu dueño sea un imbécil- concluyó el mago
-No sabes de lo que hablas, muchacho- dijo el Nordal girando la cabeza para ver mejor a Soid – Para empezar, yo no soy mascota de nadie; en segundo lugar, la bruja con la que trabajo también vive en este plano; y por último, es tan poderosa que podría arrancarte la cabeza sólo con pensarlo. Así que te sugiero que me suelte, antes de que venga a buscarme.
-¿Cómo sabría donde estas?- pregunté con voz temerosa
-Digamos que los Nordales y los brujos tenemos un lazo muy especial. Nos ata una cadena de plata, semejante a la que ata a vuestros cuerpos con vuestras almas. La bruja sólo necesitara seguir la cadena para encontrarme- contestó el Nordal
-Estas mintiendo, jamás había escuchado de una bruja tan poderosa que viviera en este plano- alzó la voz Soid
-En ese caso tendrás el gusto de conocerla si no me sueltas- repuso el Nordal
-Lo siento, pero tu te quedas aquí- dijo Soid aventando al Nordal hacia un lado, saliendo del baño junto conmigo y cerrando la puerta la puerta.

Estando en mi habitación, empecé a caminar de un lado a otro pensando que lo que acabábamos de hacer había sido un inmenso error. Si lo que decía el Nordal era cierto y la bruja era tan poderosa, para mañana encontrarían nuestros cadáveres sin cabeza, y peor aun, la alfombra hecha a mano por aves fénix tibetanas, traída en Ferry desde Turquía, serviría de tapete para nuestros sesos. Está bien, creo que exageré con lo de la alfombra, de hecho ni había alfombra, sólo un piso de madera maltratado por el paso del tiempo.

-Soid, esto es una locura- dije aterrada –Soy muy joven para morir, si muero ahora, jamás habré aprendido a cocinar un huevo sin quemarme
-Nadie se va a morir, así que tranquilízate. La bruja vendrá a buscar a su "mascota", nosotros le daremos al Nordal a cambio de mis poderes y todos felices.
-O vendrá a buscar a su "mascota", nos matara y se irá con el Nordal a vivir felices. Además, a todo esto, ni siquiera sabemos el nombre de la bruja

Regresamos al baño. Soid abrió la puerta sujetando un cuchillo que había agarrado de la cocina. Amenazó al Nordal, haciendo que éste retrocediera.

-¡¿Cómo se llama la bruja?!- espetó Soid
-Ahdar- dijo el Nordal mirando por encima de mi hombro
-¿Soid?- preguntó una voz proveniente detrás de nosotros. El mago y yo volteamos.

Según yo, un microinfarto es: cuando el corazón se detiene automáticamente, los pulmones se colapsan, las pupilas se agrandan, la mente se nubla, sientes que el cielo y el suelo se juntan, el tiempo se para. Todo sucede en cuestión de milésimas de segundo: esto es un microinfarto, muy parecido a un ataque cardiaco, pero sin las fatales consecuencias que éste último tiene. Cualquier ser vivo lo ha sentido alguna vez, ya sea por temor, sorpresa, incluso por amor.

Después de ver a aquella mujer que permanecía imponente delante de nosotros, miré a Soid, quien sin lugar a dudas, tenía la cara de haber sufrido un microinfarto hacía unos instantes.

-No puede ser- dijo Soid respirando agitadamente

Vi al mago y a la bruja. Giré hacia el Nordal.

-¿Qué pedo?- pregunté sin emitir sonido alguno

El Nordal, luego de leerme los labios, se encogió de hombros sin tener ninguna respuesta. Ni el Nordal, ni yo, sabíamos que pasaba.

-Deberías de estar muerta- dijo Soid con los ojos desorbitados

Fue entonces cuando, al suponer de quien se trataba esa mujer, fui yo la que sufrió el microinfarto.

-¿María?- pregunté al borde de un colapso nervioso

La bruja me miró de abajo hacia arriba y de arriba hacia abajo

-Llámame Ahdar- respondió aquella hermosa mujer

Continuará...

© 2011 Ma. del Carmen Villar Holgueras

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