26/1/12

: EN BUSCA DE LA CIUDAD PERDIDA (2da Parte)


Nombre*:Mari Carmen
Género*:Aventura
Título*:EN BUSCA DE LA CIUDAD PERDIDA (2da Parte)
:A las seis de la mañana, un gallo canta a todo pulmón. Todos dentro de la casa comienzan a despertarse poco a poco. Emil entra al cuarto, sin ningún reparo a levantar a los forasteros.

Vahid y Fortunato, ya terminados de desayunar, se van al campo con los demás trabajadores. En medio de la tarea, logran hacer amistad con la mayoría de los hombres. Entre platica y platica, uno de los trabajadores llamado Guadalupe, les comenta si son unos más de lo que vienen para encontrar la ciudad, que a tantos les ha quitado el sueño, sólo de pensar en ella. Vahid no sabe a que se refiere, por lo que le dice que sea más especifico. Lupe les dice que existe el rumor de que hay una ciudad, en la que todo el que logre llegar, conocerá la Ley Secreta de la Vida, sin embargo, todas las personas que han tratado de encontrarla, han muerto en el intento. Vahid movido por una inmensa curiosidad, pregunta dónde se encuentra ubicada, a lo Lupe contesta que hay un hombre que sabe donde está, pues es el único que ha logrado llegar, y ha regresado para contarlo. Fortunato insiste en querer saber quién es, Lupe responde que es el padre de la señora Emiliana.

Mientras tanto, Alma es un desastre en la cocina: el caldo de pollo que tanto trabajo le costo hacer, le ha quedado salado, ya que la tapa del salero estaba mal puesta y al inclinarlo para ponerle a su caldo, la tapa se ha zafado haciendo que todos los granos blancos cayeran sin remedio alguno.

Emil evita, haciéndose a un lado, el plato que Alma, encolerizada, ha aventado. Segundos más tarde, la mujer histérica se sienta en la silla de la mesa dentro de la cocina. Emil está viéndola fijamente, esperando otro arranque de locura. Se acerca y se sienta junto a ella poniendo su mano encima de la suya justo cuando Vahid y Fortunato van entrando. En la puerta de la cocina preocupados por el tiradero que hay, preguntan qué ha pasado, Emil voltea hacia ellos diciendo que Alma trató de cocinar. Vahid y Fortunato entienden el mensaje, otro arranque de histeria.

Vahid sale de la cocina en busca del padre de Emil, para que le platique de aquella ciudad. Don Getulio está sentado en su mecedora frente al televisor a todo volumen en la sala; como le recuerda Don Getulio a su abuelo, la misma risa, el mismo brillo en sus ojos, la voz, hasta la sordera.

Vahid se sienta a su lado, toma aire y a voz en grito dice el nombre del anciano captando su atención. Finalmente comienza a interrogarlo, quiere saber todo lo referente a esa ciudad de la que tanto hablan, cómo Don Getulio la descubrió, cómo llego allí y el motivo de su regreso a Temístocles.

Hace 60 años, a la edad de 26, Getu, como le decían sus conocidos en ese tiempo, se caracterizaba por ser un trotamundos; es originario de San Terencio, un pueblo vecino de Temístocles. Al querer independizarse de su madre, decidió venir a vivir aquí.

En Temístocles, lo recibieron cálidamente. Un matrimonio lo acogió, mientras buscaba un lugar donde quedarse. Éste es un pueblo muy pequeño, por lo que todo el mundo se conoce. En aquella época, Getu trabajaba con el primo de un amigo del que atendía la tienda de abarrotes, que era sobrino del suegro de la señora con la que Getu se estaba quedando. El primo se llamaba Félix, un hombre tranza, que en sus ratos libres se dedicaba a estafar a quien se dejara. Como buen estafador, hacia bromas a sus amigos, pero bromas que no duraban mucho, pues no tenía la habilidad de sostenerlas tanto tiempo, de hecho había recibido tantas palizas, como bromas y estafas había realizado, y habían sido descubiertas.

Todos los viernes, antes de que Getu abriera la tienda de abarrotes, había una joven siempre afuera de la puerta, esperando a que su amor platónico le abriera. Una vez que Getu abría la puerta, aquella muchacha entraba, hacia sus compras y se quedaba horas y horas platicando de infinidad de temas con él.

Ella se llamaba Albina, mujer de estatura media, un poco robusta, de pelo largo y ojos almendrados. Albina era amiga de Félix; en un principio iba a verlo a él, hasta que Getu se cruzó en su camino el día que fue a pedir trabajo. A partir de ahí, surgió una amistad; amistad que cada día se iba alimentando de los sentimientos de ambos. Félix no dejaba de burlarse de ellos, se notaba a simple vista que Albina y Getu terminarían juntos, sin embargo, el rumbo de la historia cambiaría.

Un día saliendo de trabajar, Getu y Félix, vieron al lado de un poste de luz, un vagabundo que veían a diario al salir de trabajar. Getu se acercó a este con sentimientos encontrados, harto de verle ahí, sin hacer nada y pidiendo dinero, pero sintiendo cierta lastima por las condiciones en las que estaba.

Le extendió la mano, el vagabundo la tomó para ayudarse a incorporar sin dejar de mirarlo fijamente a los ojos. Getu le dijo que le ofrecía un puesto de trabajo en la tienda de abarrotes en la que trabajaba, era el puesto de acomodador de productos. Félix volteó a ver a Getu, su amigo había perdido la razón, estaba ofreciéndole el trabajo de Félix, por el que había luchado. Félix sin habla, se dio la media vuelta para marcharse, pero Getu lo detuvo por la mano; se acerco a éste diciéndole que era tiempo de progresar. Getu tenía el puesto de cajero de la tienda, no había mucha diferencia con el de acomodador, pero el sueldo era un poco más alto, con esto en mente, decidió cederle su puesto a Félix, el cual confundido le preguntó qué era lo que estaba haciendo. Getu contestó que era tiempo de que se fuera a recorrer tantos lugares le fueran permitidos por Dios.

Getu no sólo le dio trabajo al vagabundo, sino también un lugar donde quedarse. Al llegar a la casa donde se estaba alojando, pidió hablar a solas con el matrimonio. Dio las gracias por todo lo que habían hecho por él, ahora solo les pedía un último favor, que trataran al vagabundo con el mismo calor con el que lo habían tratado.

Alma, Fortunato y Emil salen de la cocina, mientras Don Getulio sigue hablando con Vahid. Se acercan a donde están ambos hombres; Emil se sienta al lado de su padre; Fortunato y Alma al lado de Vahid.

Alma les pregunta de qué están hablando, Vahid mira a Fortunato respondiendo que hablaban de la ciudad perdida. Alma no tiene idea de lo que Vahid está diciendo, por lo que pregunta qué es la ciudad perdida. Fortunato le da una introducción de lo sucedido en los campos junto a Lupe, para que tenga cierta idea. Después de la interrupción, Don Getulio continúa con su anécdota.

Getu se despidió del matrimonio y del vagabundo, que Félix etiquetaba como "usurpador". Antes de que Félix pudiera decir adiós, Getu se paró delante de él y sonrió, diciéndole que necesitaría un compañero de viaje.

Félix tenía que decidir entre quedarse y ser un cajero de tienda, con un techo y comida; o ser un trotamundos, conociendo lugares y gente, viviendo experiencias que en la vida viviría en una tienda de abarrotes. Félix miró al matrimonio y al "usurpador" en busca de respuestas, pero era una decisión que tenía que tomar solo. Al no escuchar respuesta alguna, Getu se dio la media vuelta y se fue alejando del lugar. Con su mochila al hombro cruzó el pueblo, ahora Temístocles quedaba en el olvido.

Caminó largas horas después de salir de Temístocles, hasta que su cuerpo no resistió más y cayó. Un hombre que pasaba por ahí, dedicándose a recoger cosas que hubiera en la carretera, vio a Getu desplomado en el suelo. Lo tomó por un brazo y lo arrastró hasta unas cajas a un lado de dicha carretera; agarró la mochila que portaba Getu y la volteó dejando caer todas las cosas que había en su interior en busca de algo de valor.

En ese momento llegó un tercer hombre, el cual arremetió contra el "pepenador" arrebatándole la mochila y tirándosele a golpes. Los gritos despertaron a Getu, que en medio de su somnolencia, intentó separar a aquel par de animales, percatándose que uno de ellos era Félix.

Cuando logró calmar los ánimos, Getu le preguntó a su amigo qué era lo que pasaba. Félix contestó que el "pepenador" había sacado las cosas de su mochila para robarle. La reacción del pepenador fue pretender que sólo trataba de encontrar una identificación para averiguar quién era, sin embargo, ya era demasiado tarde, había sido descubierto, no quedando otro remedio más que aceptarlo y devolverle la mochila a Getu, quien más tarde le preguntó su nombre.

El nombre del pepenador era Eustemio, que arrepentido por lo que había hecho les ofreció la poca comida que tenía y la cobija hecha trizas en la que dormía, para que pudieran pasar la noche y mañana seguir su camino. Después de este amable gesto por parte de Eustemio, Getu se interesó en saber un poco más de él.

Eustemio había sido abandonado por su madre cuando aun era un niño, que comenzó a robar a edad muy temprana para poder sobrevivir. Se tiraba en medio de la carretera esperando a que algún coche pasara, cuando el conductor se detenía y se bajaba para auxiliarlo, Eustemio le apuntaba con una pistola de juguete y le privaba de sus pertenencias para luego dejarlo ir.

Todavía quedaba mucho por hablar, pero Eustemio puso fin a la conversación, ya que no le gustaba la idea de que indagaran en su vida; de todas maneras los tres estaban ya exhaustos, así que optaron por irse a acostar. Getu y Félix durmieron con la mochila entre los dos, por si las manos de Eustemio se arrastraban en la noche en busca de algo que le hubiera interesado en el interior de la mochila.

A la mañana siguiente despertaron, Getu y Félix se prepararon para marcharse, no sin antes preguntarle a Eustemio si había algún lugar que valiera la pena conocer. Éste respondió que había una ciudad, cuyo nombre desconocía, donde todas las energías se conjugaban para hacer una sola que permitiera al ser humano descubrir la Ley Secreta de la Vida. Después de darles la ruta para llegar, Félix le refutó por qué no se había quedado en aquella ciudad, Eustemio no hizo caso, se dirigió a la carretera y se recostó en medio de ésta.

Los dos amigos emprendieron camino a pesar de que Félix dudaba de la credibilidad de Eustemio; había hecho tantas bromas que podía oler cuando alguien mentía. Luego de alejarse de allí, Getu le preguntó a Félix por qué había decidido venir con él, a lo que éste respondió que Albina le había encargado que lo cuidara. Getu sintió una punzada en el corazón, pues nunca tuvo los huevos para despedirse de ella.

Pasaron cinco días después de que dejaron a Eustemio en la carretera para ir en busca de aquella ciudad. Las vivencias que tuvieron en ese periodo fueron inolvidables: horas debajo del incandescente sol, fogatas a la luz de la luna, llagas en los pies por tanto andar, músculos sobre-ejercitados al tener que subir algunas montañas que se cruzaban en su camino, historias de personas que habían escuchado de la ciudad.

Cuando finalmente llegaron a su destino y vieron a su alrededor, se dieron cuenta a que se refería Eustemio, todo lo que pasaron había valido la pena, pero fue después de varios días de estar allí, contemplando aquello, que descubrieron la Ley Secreta de la Vida. Getu al averiguarla, encontró el más poderoso motivo para regresar a Temístocles.

Vahid, Alma y Fortunato preguntan a Don Getulio cuál es esa ley, cuál fue el motivo para regresar. Getu espera que así como él lo descubrió, ellos también se den cuenta por sí solos. Fortunato quiere saber como es la ciudad, pero Don Getulio se queda callado.

Está decidido, Alma, Fortunato y Vahid irán en su búsqueda. Ya es muy tarde y es hora de ir a la cama, pero mañana mismo partirán. El deseo y la curiosidad no los dejan dormir.

Ya es de día, el despertador, que pusieron en la noche, comienza a sonar con la canción "El Camino" de Alex Syntek y la gente normal. Los tres saltan de la cama para empacar un par de cosas en una mochila que Don Getulio les ha prestado, misma mochila que usó cuando él y Félix fueron a la ciudad.

Entre sollozos se despiden de Emil y Don Getulio. Alma tiene un nudo en la garganta, pues se ha encariñado con Emil; ambas se abrazan como una madre y una hija, cuando la hija se marcha para hacer su vida. Salen de la casa sin voltear atrás, caminan por la calle empedrada, que más tarde se convierte en carretera, para dejar Temístocles.



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