10/2/12

: EN BUSCA DE LA CIUDAD PERDIDA (5ta Parte)


Nombre*:Mari Carmen
Género*:Aventura
Título*:EN BUSCA DE LA CIUDAD PERDIDA (5ta Parte)
:
Capitulo III
La Tumba del Diablo


Estando en el río, comienzan a quitarse la ropa, ignorando lo que hay a su alrededor. Alma, iniciando un juego, le avienta un poco de agua a Fortunato arrancándole una sonrisa; Vahid, a su vez, se les une al recibir varias salpicadas. Los problemas parecen haberse esfumado, dándoles tregua para pasar un buen momento riendo y jugando.

Después de un rato, sienten la presencia de una cuarta persona, que permanece parada a un lado del río con la boca abierta. Al percatarse de esto, los tres forasteros voltean a verle, tapándose respectivamente sus partes y saliendo rápidamente del agua hacia donde aventaron cada uno su ropa. Ya vestidos, se acercan a aquel hombre, que hacia unos instantes parecía embobado con lo que estaba presenciando.

Vahid es el primero en tomar la iniciativa preguntándole qué hace aquí, a lo que el hombre contesta que es el camino que debe tomar para ir a su casa, después de un largo día de trabajo cuidando a su ganado. Fortunato le dice si sabe dónde está la ciudad perdida, el ganadero responde que desde luego sabe donde está, todo el mundo sabe, se ha vuelto demasiado conocida. Deberán continuar en contra flujo del río, en el nacimiento de éste hay una cascada llamada cola de caballo la cual desciende por una montaña, La Tumba del Diablo, dicha montaña tapa la ciudad, deberán subirla para hallar lo que tanto ansían encontrar.

La cara de Vahid cambia instantáneamente de expresión al escuchar el nombre de la montaña. Quiere saber por qué se llama así, el ganadero comenta que le pusieron de ese modo debido a que nadie ha osado acercarse allí, y las personas que han intentado conquistarla han muerto en el intento, pues se dice que el diablo es el guardián de la ciudad.

El ganadero les desea suerte, quisiera quedarse más tiempo para seguir conversando, pero su mujer se pone de malas cuando llega tarde, así que simplemente se despide, sin meditar un segundo en lo que hace unos momentos salía de su boca, el nombre de la montaña no era muy alentador.

Alma mira a Vahid y a Fortunato, los tres saben que así como puede ser una leyenda urbana, podría ser un paso al precipicio; tienen que tomar una decisión nada fácil. Con la mente en frío y el corazón en la mano, emprenden camino donde, sin duda alguna, el guardián los estará esperando.

Hasta el momento, todo parece estar tranquilo en el trayecto a la Tumba del Diablo, pero el miedo los acompaña. Finalmente han llegado a la cascada, comienzan a subir la montaña: una mano y un pie a la vez, tomando las ramas de los árboles o de lo que haya, cuidándose entre ellos.

Llevan unos cuantos metros, cuando el cielo comienza a nublarse, se escuchan relámpagos que cada vez están más cerca; deciden resguardarse debajo de unas piedras que sobresalen de la montaña.

Minutos más tarde, Fortunato tiene la necesidad de ir al baño: se dirige a unos árboles para hacer pipi, dejando a Alma y a Vahid solos. Regando un árbol, oye un ruido detrás de éste; mueve la cabeza para ver que hay, pero lo que encuentra hace que la sangre se le hiele; trata de gritar para advertir a los demás de la inesperada visita, sin embargo, la voz no le sale; intenta hacerse para atrás pensando en huir, pero a quedado inmóvil; ninguna parte del cuerpo le responde. Renato se acerca a él.

Mientras tanto, Alma y Vahid siguen debajo de las piedras. Sin poder hacer nada por el momento, Vahid cierra los ojos, tratando de descansar un poco. Al abrirlos, por no escuchar que sigue cayendo la lluvia; se pone de pie, mira cuanto le falta para terminar de escalar la montaña y se da cuenta que está a unos cuantos centímetros del final; no lo puede creer, su destino está al alcance de su mano; estira su cuerpo y comienza a trepar nuevamente; ya estando en la punta, comienza a correr en dirección a la ciudad.

Las nubes se abren camino, permitiendo al sol brillar en todo su esplendor; siente la brisa que ha dejado la tormenta, un arcoiris se divisa a lo lejos; conforme se va acercando al otro extremo de la montaña, su corazón va latiendo más rápido.

Cuando finalmente llega, nota que no puede detenerse: pareciera que su cuerpo se ha vuelto independiente a su cerebro; mira, sin poder hacer nada, que va directo al abismo; no hay una ciudad, solo un inmenso agujero negro esperando succionarlo.

En el momento en el que no hay donde pisar, la fuerza de gravedad lo jala hacia abajo; al sentir su cuerpo estrellarse en el fondo, permanece con los ojos cerrados, temeroso de abrirlos y encontrarse deshecho; pasan segundos que parecieran horas; los va abriendo poco a poco, sin tener idea de dónde está o cómo está; siente cierto alivio al ver que solo había ido un sueño, o ¿no?, un liquido que nace por su ceja, baja por su mejilla; pasa la mano por ésta y al verla, el liquido es sangre. Escucha una voz al lado suyo, es Alma que le explica lo sucedido: al estar dormido, se movió bruscamente y se pegó con una piedra.

Todavía desconcertado por su sueño, pregunta dónde está Fortunato. Alma contesta que no ha regresado de hacer del baño. Vahid preocupado le dice que se fue hace más de una hora. Alma no se había percatado de Fortunato porque la lluvia la fue arrullando hasta quedarse dormida. Los dos temen lo peor, deciden separarse para poder abarcar mayor terreno y encontrarlo más rápido; a pesar de que esto pueda representar un gran peligro.

Caminan en dirección opuesta el uno del otro hasta perderse de vista. Ambos gritan el nombre de Fortunato, pero éste no responde: el silencio que procede a cada grito es escalofriante, pues aunque las personas piensen que el silencio no tiene sonido están equivocadas, el sonido del silencio es el más ensordecedor, el de los pensamientos.

Ha llegado el momento en el que Vahid deja de escuchar a Alma, está completamente solo en medio de árboles incapaces de poder protegerlo de algo más grande que él. De reojo ve una sombra que camina de un árbol a otro, siente un miedo inexplicable, las rodillas le tiemblan y las gotas de sudor ruedan por su cara. Atrás de él escucha una voz que le es familiar, al voltear mira extrañado a la persona frente a él, sin duda alguna es un impostor. Es como si Vahid estuviera viendo su reflejo en algún espejo invisible. Es otra persona idéntica a él.

El impostor no puede evitar sonreír ante la cara de asombro de éste, se acerca a Vahid preguntándole si realmente creé que puede llegar a la ciudad, no cree que sea necesario recordarle todos los errores que ha cometido por intentar alcanzar su destino como: alejar a la persona que lo hubiera acompañado hasta el final, poner en peligro la vida de sus amigos; todo para qué, para darse cuenta que llegar a la ciudad fue su mayor equivocación, debido a todos los errores que ha cometido para revelar lo que solo es un fraude

Vahid lo empuja tratando de alejarlo para luego huir, pero el impostor lo golpea en la cara dejándolo atontado, quiere incorporarse, pero no puede, se han acumulado lagrimas en sus ojos, pues teme que el embustero tenga razón.

El impostor recoge una piedra del suelo levantándola lo más alto que puede, Vahid grita entre llanto e impotencia; aterrado le suplica que no lo haga, pero es demasiado tarde, el impostor ha dejado caer la enorme piedra que pendía de sus brazos; Vahid siente el golpe en el pecho oyendo sus huesos quebrarse. Dejándolo agonizante, el impostor se va.


Continuará...

© 2004 Ma. del Carmen Villar Holgueras

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