6/11/12

: Un cuento para Xilitla


Nombre*:María Villar
Género*:Cuento Corto
Título*:Un cuento para Xilitla
:Para qué contar cuetos que sólo cuentan la superficie de la verdad. Cuentos que no hacen sentir nada ni pensar nada, y no son más que un compendio de palabras vacías que se disfrutan cuando se está en el deleite por el deleite, en la literatura hedonista del arte por el arte. Por qué no fabricar sentimientos, o provocar pensamientos.

En algún tiempo escribí muchos cuentos inspirados en mi vida, pero nunca escribí cuentos que inspiraran mi vida.

Ahora escribo dentro de mi cabeza. Millones de ideas saltan de una neurona a la otra, por todo lo que me sorprende y lo que no me sorprende. Mi mano, de hecho, es demasiado lenta para poder entintar sobre el papel todos y cada uno de mis pensamientos. Soy como una fuente inagotable de ideas y sensaciones. Así somos todos los humanos, los no humanos y los semjantes a Dios. Somos una reunión en un momento de vida y muerte, de elementos cósmicos, hijos del poliverso, que hoy miro de noche estrellada e interrumpida por una súbita neblina que trae lloviznas.

Noviembre nos dejó. La mejor época del año aquí en Xilitla se fue. No ha habido días mejores…soleados, con poco calor, con poco frío, con un cielo de lloviznas, lloviznas refrescantes con aroma a próximas naranjas o con olor a tierra mojada de montes.


No te olvidaré nunca mi amada y no entendida Xilitla, alivio de mi dolor, refugio de mi huída y cómplice de mi historia de amor. Me lo diste todo cuando llegué vacía, sin nada, sin aliento, sin espíritu. Me voy con ese todo, con esperanza, experiencia y humildad que tu gente me enseñó.

No todos te entienden, Xilitla, fea, dicen algunos, rural, pobre, incompleta, salvaje y sin estilo. Sin embargo, los que te conocemos, los que te amamos, te vemos tan distinguida, tan única y misteriosa, fresca. No te hace falta nada. Tus climas, tus sueños, tu tierra incansablemente fértil llena de buenas cosechas, tu altura perfecta y tu humedad…tan constante como tu corazón que late en tu gente.

Lloro por ti esta noche, porque tu corazón lo llevaré siempre dentro de mi pecho, latiendo la piel roja que me enseñó infinitamente mientras me miraban el interior y lo sanaban.

Eres la América mística y divina, eres mi mundo, mi galaxia, mi universo en expansión. Eres mi equilibrio, mi cordura, mi respeto y mi devoción. Cuánto tiempo más estaremos juntas...

Sé que no me echarás de ti, Xilitla mía, sé que partiré cuando tenga que partir, y será como la hija que se casa y abandona a su madre y padre, yo me iré tranquila, sabiendo que me has preparado y educado bien.

Y así duermo sabiéndome en los brazos de mi segunda madre, bendiciéndote, y agradeciéndote esta historia que se tiene que contar en un cuento que se relata solo.

María Villar, Xilitla, Noviembre 2003.



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