14/5/13

: ¡PERDON SEÑOR…, PERDON!

Nombre*:ANDY TÁ SÚIL
Género*:Desvarios
Título*:¡PERDON SEÑOR…, PERDON!
Cuento:Lo que sucedió, sucedió porque si, porque debía suceder. No encuentro forma, ni método, ni lugar para que hubiera pasado de otra manera, para que aquel absurdo encuentro entre mi piel y la de él hubiera podido preverse o equipararse con la locura esquizofrénica de una escritor de ciencia ficción.

Su piel, oscura, delicada, suave y a la vez rustica, única como cualquiera toco la mía y con ella apago su luz de vida, apago lo que era y para lo que era, apago mis esperanzas y mi amor por la vida, porque al fin y al cabo qué valor tiene algo que al menor golpe desaparece, acaba sin dejar más que un rastro de fragmentos físicos sin significado alguno, un montón de basura inútil, llena de liquido aun mas inútil que solo sirve para aumentar los momentos de resentimiento y recuerdos de algún conocimiento pasado de aquello a lo que llamaron vida.

Caminó sin saber su destino, pero que es morir, nada más que la cúspide de una meta, una escalera sin sentido que nos sorprende en lo alto con un salto de fe a un despeñadero en el que caer es la única salida y entrada. Murió, eso es lo que importa.

Acerque su cuerpo quieto, embalsamado por un charco de su propia sangre, lo mire, lo abrace como un león al cazar a su presa, pero no sentí odio, ni dolor, no sentí arrepentimiento, ni placer. Sabía el que, pero no el porqué; y debo admitir, el porqué era lo más importante.


Porque vivimos, porque existimos, porque pasan las cosas o porque se deshacen, porque esperamos, porque estamos, porque sentimos, porque amamos, porque odiamos. Vagas propuestas a un sin sentido individual, donde intentamos ser felices, ahogarnos en una propia alegría que a nada conlleva, un sinsabor de sonrisas y halagos repugnantes e hipócritas, hacia otros iguales a nosotros, con pensamientos iguales pero a la vez tan sumamente diferentes… porque no somos nosotros.

Tal vez si mis sueños hubieran sido más largos, o diferentes, si me dieran que pensar y mantenerme agachado entre mis piernas, matándome la cabeza en alucinaciones e imaginación efímera en que mi cerebro fuera el único dios., todo fuera diferente.

Lo pensé, lo espere, lo pedí al todo poderoso pero recordé que no tengo fe en supersticiones estúpidas de mentes perezosas que prefieren creer a pensar, ubican un ser ficticio sin método alguno, conformándose con lo poco que les da y lo mucho que pierden, me pregunto si ese ser que ahora apretó a mi pecho tenia esas vanas ideas de omnipotencia, y si fuera así porque no lo hubiere salvado, o mejor aún, si en verdad estará con él en un tal paraíso venido de la imaginación de un autor de miles de años atrás que respeto la idea, y encarno la corrupción en religión.

Acabo su vida y termino mi existencia, no lo merecía ni él ni yo, merecer es esperar y como ya lo he dicho, esperar no es bueno. Los porqués, los cómos y los que ya no significan nada, ahora lo sé bien, termina una vida, extinguí su llama de libertad con mis propios medios, mi cuerpo ahora está llena de sangre, ese liquido rojizo que al secarse es tan vivo como el fuego abrazador en los ojos de los que odian a sus enemigos y aman a los amigos.

Viví y morí por él, en busca de él, del dolor de una vida indigna con la conciencia negra color a muerte y las manos sucias con olor a cadáver, descendí por el infierno y volví a la tierra, ya han pasado veinte años desde ese ambiguo momento, desde mi cruel condena a un corazón inocente, ha pasado tanto desde que fui el que era hasta que soy lo de ahora. Mendigue cariño al igual que odio y rogué con las fuerzas de un inhumano la esperanza de un perdón, pero como existe el perdón sin el respiro, como le dices a un ser que te perdone si no habla, no toca, no siente, si desde hace tanto y tanto dejo de existir, como decirle a él con suspiro arrebatador del alma, y el cerebro lleno de recuerdos innatos de venganza, con leal sonrisa y cara estremecida…
-¡Perdón señor ratón… Perdón!

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