24/3/14

: La Ciudad de los Césares


Nombre*:Pablo Etchevehere
Género*:Fantástio
Título*:La Ciudad de los Césares
Cuento:
Bill Murray y James Norton, dos asaltantes de bancos norteamericanos que alguna vez integraron la familia criminal de Buch Cassedy, huyeron de su última fechoría en Comodoro Rivadavia, a los aguafuertes andinos, allí donde sopla el viento sur. Pasaron algunos caseríos y un poblado Tehuelche y se adentraron en un cajón cordillerano. Durante la segunda jornada de marcha los alcanzó el viento patagónico, que soplaba con una fuerza inaudita. Volteados sus caballos, lograron pararlos y con los ponchos vendando los ojos de los animales, avanzaron con dificultad, ¿hacia donde? no lo sabían. Estaban perdidos con frío y la noche que los alcanzaba. En una quebrada que encontraron acamparon a cielo abierto, prendieron un lánguido fuego que les alcanzó para calentar sus manos y comer trozos de charque que llevaban en sus alforjas. Al día siguiente volvieron a retomar la marcha, su intención era la de todos los fugitivos, alcanzar la frontera chilena y refugiarse en una ruca mapuche, fuera del alcance de las autoridades policiales chilenas y argentinas. A medida que cabalgaban el paisaje cambiaba significativamente, las montañas lejanas estaban muy cerca ahora y sus picos azules y nevados se volvían gigantes amenazadores, el ruido del agua cayendo entre las piedras, los distraía y parecía que alguien los seguía y escudriñaba entre la tupida vegetación cordillerana. A lo lejos divisaron, un valle, y bajaron por un sendero que parecía hecho por el hombre hacía mucho tiempo. De pronto el sendero rústico se convirtió en un camino prolijamente empedrado y al llegar a un cruce divisaron lo que parecía ser murallas de una fortificación y allá fueron. Los dos bandidos no podían creer lo que veían, un gran y extraño poblado fortificado se erguía ante su asombro. ¿Que era eso? ¿donde estaban? se preguntaron ambos al unísono. James Norton el más audáz de los pistoleros, desenfundó su colt y
avanzó al trote lento, pasando bajo un arco de piedra y gritando en inglés y castellano si había alguien allí. Bill Murray lo siguió apuntando a todos lados con su carabina, hasta que por fin llegaron a un zanjón y pasaron al poblado cruzando un puente de madera que crujía debido a sus respetables años. Al poco llegar a una plazoleta frente a un templo semi derruido, de sus costados emergieron algunos ancianos y mujeres pobremente vestidos con harapos. Un hombre alto les habló en un idioma desconocido y por medio de señas les indicó que bajaran de sus cabalgaduras, y los siguieran. En poco tiempo los norteamericanos estaban rodeados por una multitud de individuos que los miraban con desconfianza. Murray muy nervioso encañonó a la multitud que respondió con una lluvia de piedras. No le dieron tiempo y varios ancianos lo golpearon hasta dejarlo desfallecido. Norton intento salir corriendo y fue atajado por varias personas quienes lo atacaron con palos hasta dejarlo casi muerto.
Murray y Norton nunca supieron cuanto tiempo quedaron tirados en el lugar, ni cuando llegó el arriero chileno Arancibia quién los socorrió dándoles de beber de su caramañola y curó sus heridas cauterizándolas con su propio cuchillo. Caminando, porque sus caballos habían desaparecido junto con el poblado, las murallas y sus atacantes, los bandidos gringos llegaron muy maltrechos a Treveín, donde una familia galesa los alojó sin saber realmente quienes eran estos forasteros. La noche anterior a su partida, los vecinos galeses organizaron una reunión, donde se cantó y bailó y también se tomaron litros de generosa cerveza. También se contaron historias a la luz del hogar. Allí los fugitivos conocieron su destino fatal, cuando Albert Jones contó la leyenda de la Ciudad de los Césares, esa magnífica ciudad edificada por náufragos españoles durante el siglo XVII, que se encontraba ubicada en plena Cordillera de los Andes y donde la gente jamás moría. Jones remató su cuento con una advertencia, aquellos que pudieron salir de la ciudad no vivieron mucho tiempo, la maldición de los Césares los perseguía hasta quitarles la vida en diferentes circunstancias. El diario el Tribuno de Río Gallegos, de fecha 5 de Octubre de 1913 dio cuenta de un tiroteo entre gendarmes provinciales y mal vivientes en el cual murieron acribillados a tiros dos extranjeros a los que no se pudo identificar, aunque se presume que formaron parte de la célebre familia criminal de Buch Cassedy y el Saundan Kid.-

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