21/10/14

: LA PRINCESA MÁGICA QUE RENUNCIÓ A SUS PODERES


Nombre*:TATIANA JOSEFINA MARTÍNEZ VÁSQUEZ
Género*:Infantil
Título*:LA PRINCESA MÁGICA QUE RENUNCIÓ A SUS PODERES
Cuento:
LA PRINCESA MÁGICA QUE RENUNCIÓ A SUS PODERES
(Dirigido a niños de 10 años en adelante)
Hace mucho tiempo, cuando las Princesas tenían poderes mágicos, vivía una hermosa Princesa de cabello castaño y piel bronceada. Ella siempre sonreía, al ver los pajaritos, cuando la suave brisa acariciaba su rostro y enredaba su cabello, cuando el viento arrastraba aroma de flores y las mariposas iban a contraviento, ella sonreía.
Era una Princesa muy independiente, montaba a caballo y cabalgaba por la tarde hasta donde le alcanzaba la vista y más allá. Era muy feliz, con los hermosos paisajes de su reino, con su gente, con su familia.
Una tarde cabalgó hasta muy tarde hasta llegar a un río que nunca había visto, ella bajó para saciar su sed y su hermoso corcel hizo lo mismo. Se detuvo a observar el hermoso paisaje que había al otro lado del río, la pradera parecía pintada por un pincel mágico.
Amarró a su corcel debajo de un frondoso árbol al lado del río. Sintió mucha curiosidad y quiso cruzar, como no había puente, usó su magia para crear uno invisible y cruzó aquel hermosos río.
Caminó un poco y encontró varias plantaciones de árboles frutales cargaditos, se sentía el olor a fruta fresca, a flores… era tan hermoso, tomó una de las hermosas frutas y la mordió, era tan jugosa, tan dulce… cerró los ojos para deleitarse cuando de repente escuchó detrás de ella, muy, pero muy cerca, casi al oído:
- Deliciosa fruta… ¿Verdad?
- La fruta cayó de sus manos y ella volteó rápidamente. – Lo siento, lamento haber entrado sin permiso Señor.
- Tranquila, no te asustes, puedes tomar las frutas que desees. Estás en tierras de mi reino, por cierto nunca te había visto.
. Yo vivo en el reino vecino, debo irme, de nuevo le pido disculpas.
La Princesa se marchó rápidamente, pensando en lo arrogante que era aquel Príncipe, su mirada tan profunda, sus ojos tan negros, su cabello tan brillante, sintió estremecerse. Cruzó nuevamente el río y volvió a su casa. Trató de descansar, pero en sus sueños estaba ese Príncipe arrogante, cerraba los ojos y nuevamente aparecía en sus sueños, una y otra vez… hasta que llegó el amanecer filtrándose por una rendija de la ventana.
Después de un desayuno familiar, salió en su caballo y su cabalgar la llevó nuevamente al lejano río… bajó de su caballo y caminó hasta el frondoso árbol, cuando ataba su caballo sintió que sus manos eran atrapadas por unas suaves, tibias y grandes manos. Su corazón latía como el galope de su caballo…era el Príncipe misterioso… cerró sus ojos y pensó que estaba soñando despierta…
- Tranquila, no estás soñando, soy de carne y hueso. Ahora soy yo quien invade tu reino.
La Princesa se ruborizó y trató de zafar su pequeña mano, pero el Príncipe no la dejó. De su espalda colgaba un pequeño bolso, se lo quitó y lo ofreció a la Princesa, ella tímidamente lo tomó y agradeció al ver el contenido, era una docena de aquellas frutas tan deliciosas del reino vecino. Conversaron brevemente y el Príncipe la invitó a conversar de nuevo al siguiente día.
Así pasaron los días y el arrogante Príncipe prometió amor eterno a la Princesa Mágica, fijaron la fecha de la boda y el Reino se vistió de las mejores galas, la Princesa estaba tan radiante, tan hermosa, su sonrisa brillaba como el sol. La Princesa esperaba en la Iglesia, pero el Príncipe arrogante…nunca llegó.
La Princesa rompió en llanto y cabalgó en su corcel hasta el río con la esperanza de verlo, pero él no estaba, cruzó el río y llegó hasta el Reino, encontró a Jefe de la Guardia Real y éste solo le respondió: -Se han ido Princesa, no conozco los motivos, solo dijo que un día regresaría… lo lamento Princesa.
La Princesa regresó a su Palacio tan triste, que su hermoso traje blanco se tiñó de noche sin luna, su piel comenzó a marchitarse, su cabello oscuro y brillante se convirtió en una maraña blanca… sus ojos ya no brillan, sus labios ya no sonríen… solo derrama pequeñas perlas de dolor… nada la consuela… pasan los días y las noches y de lo que era una hermosa Princesa feliz solo quedan los recuerdos, flaca y desgarbada, llora cada día…se olvidó de su magia, de la belleza de la vida, todo se lo llevó aquel Príncipe Misterioso.
Sus padres desesperados acuden a un hechicero bondadoso quien viaja al Palacio para curar a la Princesa presa de su dolor… entra a la habitación real y se sorprende al ver a una anciana viendo por el ventanal…hacia el río…no lo podía creer, era la Princesa.
Tras conversar con ella, comprendió su inmenso dolor. Pequeñas lágrimas brotaron de sus ojos y el hechicero tomó un cofrecito y recogió varias lágrimas que mojaron el fondo de éste. Le dijo que su magia fue revertida en su contra por el dolor que ella sentía, que debía enterrar sus lágrimas para romper el hechizo, pero que el precio sería renunciar a ese don que antes era tan hermoso.
La Princesa tomó el cofrecito, mandó a cavar un hueco muy profundo cerca del río y enterró sus lágrimas y prometió olvidar el dolor que llevaba a cuestas. Lanzó muy profundo aquel cofrecito y el hueco fue rellenado nuevamente… la Princesa se fue al Palacio a descansar, durmió por dos días seguidos, por fin despertó y sus padres no lo podían creer, allí estaba de nuevo la Princesa sonriente, joven y hermosa, con ganas de vivir, de soñar, de ser feliz. El pasado triste y doloroso quedó atrás, enterrado con sus lágrimas
FIN
Moraleja: no te dejes arrastrar por los problemas, el sufrimiento y el dolor. Busquemos ayuda, todo tiene solución.
TATIANA JOSEFINA MARTÍNEZ VÁSQUEZ


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