23/10/14

: Nadie sabe para quién trabaja

Nombre*:Santiago Guzmán Cardozo
Género*:Drama
Título*:Nadie sabe para quién trabaja
Cuento:
"Informamos a todos nuestros subalternos que a causa de su ardua labor reguladora y los excelentes resultados del mes podrán retirarse de sus respectivos cubículos y tomar la tarde libre, sin embargo no deben olvidar que nuestra función no se rige exclusivamente a lo que realicemos en nuestras oficinas sino que la calle y cualquier otros espacio es propicio para ejecutar nuestra útil encomienda. Que tengan una tarde gris, hasta mañana." Así, prácticamente rugía el altavoz en las oficinas del edificio más plomizo de la ciudad, lugar en el que cada empleado al escuchar tan conciso comunicado tomó su grabadora y salió en silencio sin pronunciar palabra o expresar alegría alguna, sólo Samuel un joven que llevaba apenas un par de días trabajando allí sonrió tímidamente, se levantó de su silla y salió con prisa del edificio, luego detuvo su carrera y se preguntó: "¿Por qué todos tendrán una grabadora?, ¿para qué habrán de usarla?, ¿por qué cuidan de ella con tanto recelo?, ¿por qué no tengo una yo también?", "¡No querrás tenerla muchacho!" gritó un viejo vagabundo interrumpiendo los cuestionamientos que se hacía el joven quién sorprendido y airado replicó: "¡Que insolente es usted, cómo se atreve a responderme y más de esa manera, pensaba en voz alta sin saberlo, pero usted lo sabía pues todos sabemos cuándo alguien piensa en voz alta, es una falta de respeto escuchar a quién lo hace y aún más entrometerse, tome usted una moneda y gástela en algún somnífero por favor!" El vagabundo tomó la moneda y se marchó, Samuel un poco más reposado y con algo de pesar siguió el camino del anciano errante hasta que ya no le vio más mientras se reprochaba: "No debí ser tan enérgico, además… ¿que habrá querido decir con eso? … en fin, nunca antes tuve una tarde libre y no creo volver a tenerla así que olvidaré este episodio y aprovecharé el tiempo" de nuevo sonriendo modestamente detuvo un taxi y lo arribó pidiendo al conductor que lo llevara a un supermercado ubicado muy cerca de donde vivía, el taxista acentúo la cabeza en gesto de aprobación y arrancó su
auto, después de algunos minutos de recorrido y perturbando el silencio, el chófer algo retraído preguntó a Samuel: "¿Trabaja usted en el edificio donde le recogí?", "Efectivamente" respondió él, "Le suplico no me entable conversación" dijo el taxista, "No comprendo, sin embargo ¿cree usted que muero de ganas por hacerlo o que mi propósito al despertar cada mañana es dialogar con alguien que pasa los días arruinando su culo en una silla incomoda y su mente con historias estúpidas de la gente? Está completamente equivocado mi amigo, agradezca que ya hemos llegado y tengo prisa de lo contrario hoy habría sido su peor día de trabajo, aunque el mejor pago y a todas estas ¿cuánto le debo?", el conductor anonadado apenas respondió: "descuide señor, le he ofendido así que no me debe usted un solo centavo", "¡ah, de ninguna manera no va a ser ahora usted el inmolado taxista, tome estos billetes, quizá incluso no tenga que trabajar más por hoy, pero compre una bebida energizante pues no sólo lo necesitará para trabajar sino para vivir, hasta luego! " Respondió Samuel tirando su dinero en el lugar del copiloto y saliendo iracundo del taxi.

Ya en el supermercado y claramente más aplacado, Samuel reflexionó sobre la forma en la que le había hablado al amable taxista y sintió aflicción aun cuándo seguía pensando que en parte mereció tal trato por su imprudencia, luego de unos segundos y como con el viejo vagabundo olvidó dicho suceso y prosiguió para planear con subjetiva eficiencia su tarde vacante. Agarró una canastilla para atiborrarla de pastelillos y toda clase de golosinas habidas en el establecimiento y enseguida se dirigió a la fila de la "caja registradora rápida" para cancelar su compra, justo delante de él una joven muy atractiva también aguardaba en la hilera de clientes su turno para pagar, ocasión que Samuel no desaprovechó para exclamar con osadía: "debería ser esta la caja registradora lenta pues mejor compañía no podría tener en tan aburrida espera" Agasajada, la muchacha giró para verle y le obsequió una sonrisa, respuesta que ensalzó al tonto seductor quien continuó: "Quizá quiera usted acompañarme también fuera de esta estancia" dijo acercándose groseramente, actitud que chocó a la bella joven quien con un suspiro enfadado desaprobó tal actuación, sin embargo ya el desacertado galán no era dueño de su lujuria y casi con sus labios rozando el cuello de la chica manifestó: "¿Qué dices? Ni siquiera todo lo que llevo en esta cesta saber mejor que yo", "¡Jajajaja!" respondió la joven, confundido y apenado Samuel echo su cuerpo para atrás y sintiéndose burlado empezó a gritar: "¡Dizque la caja registradora rápida, no me hagan reír, si esto es rápido entonces soy yo un amante porcino, con razón esta señorita ha estado insinuándoseme todo este tiempo", tras tan bochornoso incidente la joven dejó caer las cosas que se disponía a pagar y con vergüenza e ingenuidad salió corriendo del supermercado.

Luego de devolver con enfado la confitura que pretendía comprar, Samuel salió de la tienda vanidoso, como si lo hecho allí hubiera exaltado su condición de hombre respetable y caminó con aire soberbio hasta su casa, al llegar encontró a sus padres preparando la cena y malhumorado los cuestionó: "¿Qué hacen ustedes aquí? ¿Cómo entraron? ", "Preparamos la cena pues nos enteramos que en el edificio donde trabajas todos los empleados habían salido temprano y ya que mañana es tu cumpleaños aprovechamos la ocasión, ¡ah! Y entramos con una llave que tenía hace mucho tiempo tu padre, ya sabes cómo es de suspicaz" contestó la madre, "Si, suspicaz y atrevido… ni siquiera yo recordaba mi cumpleaños, además hoy en día eso no es razón para celebrar, así que si quieren acaben con eso, cenen y márchense yo iré a dormir frustrado pues pretendía una gran tarde y terminé en casa con ustedes" replicó Samuel marchándose a su habitación.

La mañana siguiente sonó el despertador avisando a Samuel que era un nuevo día de trabajo y que debía prepararse para ello aun cuándo un terrible dolor de cabeza le aquejara como si sufriera una gran resaca por la espléndida tarde del día anterior, así que tomó un rápido baño, vistió su opaco traje y emprendió ruta a su lugar de labores. Al llegar a su cubículo percibió en el escritorio una grabadora y junto a ella una nota que decía: "Por haber sido el empleado que sacó más provecho a su tarde libre", pálido y enmudecido agarró la grabadora y presionó el botón "REPRODUCIR", de inmediato escuchó en ella las voces del viejo vagabundo, el amable taxista, la hermosa joven y la de su madre, de este modo comprendió el mensaje expuesto por el altavoz el día anterior y gimoteando corrió hacía una de las ventanas del edificio de donde saltó al vacío.


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