14/3/16

: Cuando rompes las reglas

Nombre*:anonimo
Género*:Microrrelato
Título*:Cuando rompes las reglas
Cuento:
Las reglas eran simples, se prohibía el amor, se prohibía el compromiso, se prohibía la amistad, el seria mío como yo sería de él solo por momentos en los que el placer fuese el único anhelo de ambos, yo estuve feliz de aceptar, verán es simple para una mujer jugar el papel de hombre cuando te han herido tanto y tienes miedo de amar, pero vamos! Eres humanas y empiezas a extrañar esas caricias que te hacían soñar…
Cada día que pase junto a él me llenaba de felicidad, la libertad nació para mi solía decirme, y empecé a esperar sus llamadas y empecé a tener celos, que haría el en su tiempo libre? Estaría con otra?
El amor era un juego cruel que nos engatusa para lentamente quemarnos con sus llamas, placenteras y amargas cuando se convierte en tedio e ironía-
Cuando me enamore por primera vez (no un romance, hablo de amor), él era la sonrisa que venía a mis labios en la mañana, y mi último pensamiento en las noches, y así fue ese primer año donde mi felicidad era plena, poco a poco después empezaron a llegar las noches donde mi cama estaba vacía, llego un punto donde amar era solo cuestión de esperarle para ser du juguete, hasta que un día vino, y me dijo: "Ya no hallo en ti lo que hallaba, ya no siento lo mismo, así que es hora de tomar caminos separados, tú serás más feliz que compartiendo tu cama con quien no te ama, adiós y se feliz porque yo lo seré".
Nunca olvidare ese día, parecía un discurso muy planificado y sin derecho a quejas, no llore en ese momento, mi rostro le mostro la misma felicidad que él me mostro a mí, prometimos hablarnos como amigos porque ya bien o mal habíamos compartido mucho en el tiempo que estuvimos juntos, nos despedimos con un abrazo, el abrazo a su libertad y yo abrace al amor del que creí que sería el único.

La verdad esa noche tome más que una copa de vino, sobre mi cama mientras mis lágrimas caían sin suspiros ni gritos, la música era muda y sonaba en mis oídos para mi tormento, que sinfonía era más bella que su risa, o que paisaje era más bello que el de sus ojos.
Durante dos días no comí, no Salí de mi casa, no respondí llamadas ni mensajes, solo yo sabía que el dolor me consumía, y aun así lo deje ser, tenía que librarme de ese mal lo más rápido que pudiera.
Solemos llamarnos románticas por que esperamos a un príncipe que nos rescate, pero ese día entendí que la única que se puede rescatar es una misma del dolor.
El tercer día era suficiente de sentir pena por mí misma, decidí que era suficiente dolor, me pare de mi lecho de tortura, no voy a negar cuanto dolió entrar en aquel baño y ver que no estaba su aroma, no estaban sus cosas, y que no estaba el, cierta pare de mi sintió que el murió más que sentir que se fue, no podía ser egoísta, el que ama debe dejar ir.
Con el tiempo el dolor dejo se volvió más pequeño hasta que desapareció casi por completo, solo reanimando en los momentos que por cortesía compartía con él, conocí a la mujer que pronto seria su esposa, y no puedo negar que el dolor esa noche fue grande, mis amigos, mi familia y mis compañeros eran ajenos al dolor que sufría todos los días, pero poco a poco lo fui superando.
Llego el momento de conocer a alguien diferente nuevo y que a pesar que no me llenara el alma como el me merecía.
Salí con varias personas, pero al simple hecho de que empezara a sentir algo huía, tenía miedo de volver a sufrir por amor, todos saben lo que es un corazón roto, pero descubrí que en cada sencilla tarea que yo realizaba colocaba mi corazón, y al enamorarme daba una parte de mi esencia a esa persona, el miedo apareció, y me fui volviendo amargada, empecé a ser por primera vez en mi vida una mujer asocial, me molestaba estar con la gente y me molestaba estar sola, caí en depresión y me moleste conmigo misma, solía dormirme pensando que un día todo sería diferente.
Un día conocí a alguien especial, él era tan diferente de aquel que me lastimo, no era lo que buscaba, aun así sabía que él gustaba de mí, hablamos y poco a poco nos volvimos más cercanos de lo que nunca creí, ya que en un principio yo le rechazaba.
Un día tanto el como yo hablamos de llegar a una amistad más allá de ser solo amigos, de ser amantes y de darnos placer sin buscar más que eso.
Yo no lo tuve que pensar, era justo lo que necesitaba, los sentimientos no eran opcionales, no tenía que sentir un apego por él, no debía ser una relación, solo una compañía para aquellas tardes donde no quisiera estar sola, un socio donde él y yo ganamos solo lo que necesitamos, era lo que muchos llamarían un negocio.
Así comenzó y así debería de terminar. El tomo la iniciativa esa noche, sus labios convirtieron mis besos delicados en fogosos anhelos de placer, sus caricias me ensañaron cosas que nunca sospeche ni siquiera que en el mundo existieran, con el no tuve pena de pedir mas o de explicar que debía parar, no había reglas, y la confianza era mucha.
En un principio yo salía con otros, solo por formar una fachada ante la sociedad, para mantener nuestro oscuro y pecaminoso secreto a salvo de los ojos envidiosos.
Era feliz, tenía lo mejor de la vida, pronto deje de salir con otros, me aburrían, sus charlas eran solo un constante ruido en mis oídos, esperaba con ansias mis encuentros con él, luego entendí que mientras yo me convertía en alguien que solo le esperaba, él estaba con otras sin rostros que me atormentaban en las noches de desvelo, yo era una mujer muy inteligente, pero de nuevo me enamore como una idiota.
El empezó a ser más tierno de lo normal, o eso era lo que mi esperanzado corazón quería creer. "Él está empezando a sentir lo mismo que yo por el" era mi mantra las noches en las cuales su ausencia se sentía dolorosa, de aquel que me lastimo solo quedaba el recuerdo de lo que fue, y el dolor se desplazó a tenerlo a medias.
Tenía sus besos compartidos, sus carisias de a horas, y yo como una adicta a su piel me enloquecía a la espera de volver a estar con él.
Un día la decisión fue tomada, no podría compartirlo con nadie, pero tampoco podía exigirle que el fuese mío, así que esta ves lentamente me alejaría yo.
Sus mensajes eran seguidos de mis excusas para no verlo, sus llamadas caían en mi buzón sin respuesta.
El me necesitaba, me quería, me extrañaba, como a tantas otras de seguro le escribió.
Con el tiempo volví a sanar, pero entendí que a pesar de que me hirieron fui yo la que más daño me hice al cerrarme a la oportunidad de amar, no fue culpa de los que en su momento culpe, era mi culpa por no valorar que mi amor si valía la pena para darlo, y que no merecía amores a medias, a ambos les ame, a uno por inocencia del primer amor, y al segundo por buscar la libertad que me enjaulo en su juego de amor y pasión, de allí escape por poco, hoy estoy dispuesta a amar, y a ser amada, de un amor no toxico, ni mucho menos masoquista, de un amor puro y limpio, cuando llegue el momento llegara, mientras tanto tendré la satisfacción de saber que de cada caída no solo me levante si no que me volví fuerte, y eso al final del día es lo que realmente nos queda, ese aprendizaje que creemos insípido, yo hoy tengo el valor de esperar.


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