10/3/16

: La bruja del bosque mágico CAP 1 Halle

Nombre*:Hidelmishasho
Género*:Fantástio
Título*:La bruja del bosque mágico CAP 1 Halle
Cuento:
El pueblo de Halle es un lugar de lo más variopinto. Está compuesto por una singular mezcla entre lo tradicional y lo moderno. Las extravagantes calles están adornadas con múltiples emblemas coloridos, los cuales son confeccionados a mano por cándidas ancianas. Las construcciones y viviendas son un espectáculo para los ojos; sus formas y estructuras hacen creer al espectador que se mueven solas y ciertamente algunas lo hacen.
El principal motor de la economía es la venta de exóticos utensilios y remedios caseros elaborados por los hábiles ciudadanos. En cuanto a manualidades sobresalen los jarrones decorados con hojas de eucalipto cuya fragancia nunca desaparece. De las medicinas, las más notorias son las pociones, las cuales son empleadas para sanar enfermedades y otras se utilizan como ungüentos para las heridas de diversa índole.
De todos los habitantes de Halle, son los niños los más alegres y risueños. Cuando no están en la escuela, se los encuentra jugando en la plaza principal de la ciudad. Y de entre todos los pequeños, la que más resalta es Ezilda. Una muchachita de doce años con piel clara, cabellos dorados y mirada inquisitiva.
La pequeña Ezilda vivía en una modesta casa junto a su abuelita. Cada mañana el sueño de Ezilda era interrumpido por el cantar de las aves. En ese instante era cuando su rutina comenzaba. Nada más levantarse de la cama, se apresuraba a dar de comer a los animales de la granja que su abuelita poseía; entre ellos había gallos, gansos, pavos, cerdos y vacas. Mientras los animales engullían su alimento, ella los contemplaba con curiosidad como tratando de descifrar si alguno de ellos era capaz de razonar.
Luego de terminar los quehaceres de la casa, Ezilda partía a su colegio. En su camino contemplaba el reloj de torre de Haller; esta era una enorme construcción. La primera vez le asombro que los engranajes fueran más grandes que ella misma; pero lo había visitado tantas veces que su interés en el desapareció. Halle era un lugar fascinante, pero Ezilda no lo veía así; a ella la rutina la estaba matando. "Si no fuera por aquel bosque pensaba"
Ese era el gran secreto de Halle, a pesar de que los ciudadanos gozaban de una pacífica vida; Halle estaba ubicado cerca de un enorme y misterioso bosque. El ingreso a este era restringido; las personas que se adentraban al bosque lo hacían para recolectar insumos necesarios para elaborar diversos productos. Aquellos que entraban sin autorización eran severamente castigados.
-Jamás entres a ese lugar –le había dicho su abuela Linda.
-pero por qué no? ¿Qué hay allí? –le cuestionaba.
Su abuelita era una anciana muy amable y sincera, pero cuando Ezilda le preguntaba sobre aquel bosque, ponía una mueca entre tristeza y enfado. Nunca le respondía con la verdad y eso a Ezilda la desconcertaba.

Una vez llego a su colegio Ezilda se la paso bostezando, para ella el colegio resultaba aburrido. Ezilda quería descubrir el mundo, quería tener aventuras y el colegio no era un lugar donde sus anhelos se harían realidad. Cuando sus clases terminaron, regreso a su hogar. Cuando llego a su hogar, su abuelita la recibió con la comida preparada y un cándido abrazo. Al terminar sus tediosas tareas, Ezilda salió a comprar los encargos de su abuelita.
20 hojas de eucalipto, 1 litro de aceite gris, 10 piezas de pan, ½ kilo de pollo, y más cosas que la anciana necesitaba. Todo esto lo encontraba en el mercado Omnes. En su camino pudo divisar varios anuncios de "se busca", varios niños de la ciudad habían desaparecido; no le dio importancia y avanzo con prisa. Mientras avanzaba, podía escuchar las habituales discusiones del mercado.
-Lleve una docena de hojas de dragón por solo una moneda de oro- gritaba un hombre de barbas grises.
- ¡Está loco! ¡Eso solo vale 20 tines! –respondía una señora malhumorada.
Era de noche cuando termino de hacer las compras. Ella se disponía a regresar a casa, pero se detuvo en la plaza principal del pueblo a descansar de su rutinaria vida.
Estaba contemplando un grupo de artistas ambulantes cuando ocurrió algo que cambiaría su vida y la de todos los habitantes de Halle.
Uno de los malabaristas estaba sosteniendo a su compañera con una sola mano, mientras esta lanzaba fuego por la boca, cuando un niño harapiento salió de entre la concurrencia hacia el lugar donde los malabaristas se encontraban. Ezilda lo reconoció, era uno de los niños de los anuncios de "se busca", pero lucia distinto. Tenía la mirada perdida y el rostro pálido. Uno de los malabaristas avanzo hacia el niño para cortarle el paso, y fue entonces cuando el alboroto comenzó.
Cientos de bestias salieron del bosque, algunos pequeños pasaron desapercibidos, pero los osos y tigres no. Muchos de ellos avanzaron a toda prisa hacia las afueras del pueblo, era obvio que estaban asustados y aquello que les producía ese miedo, estaba en el bosque.
Unos 30 animales se amontonaron en la plaza del pueblo, rodeando a aquellos que allí se encontraban. Un cuervo se posó en la cabeza del chico harapiento y este hablo en voz alta.
-Habitantes de Halle, el mal que habita en el bosque será liberado muy pronto. Márchense de aquí, o eso que yace escondido en el bosque vendrá y tomará sus vidas.
Una vez hecho este anuncio, los animales que estaban en la plaza se unieron al resto en el frenesí hacia las afueras del pueblo, el niño que hablo se desplomo y quedó inerte.
Los habitantes de Halle quedaron asombrados ante tal acontecimiento, aquellos que estaban en la plaza miraban desconcertados como se alejaban las bestias; un hombre de mediana edad tomo en sus brazos al niño y lo llevo corriendo a un médico del pueblo. Algunos curiosos se reunieron allí.
Ezilda corrió con temor hacia su hogar, todo su cuerpo le temblaba; tenía mucho miedo. En su travesía escuchaba frases de desesperación; "Esa cosa va a salir" "el diablo hará su aparición" "estamos condenados" repetían algunas personas.
Cuando llego a casa; su abuela la abrazo con todas sus fuerzas y le acaricio la cabeza con ternura.
-Mi niña tenemos que irnos de Halle – le susurro la cándida anciana.


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