29/4/16

: la bruja de las rosas adormecedoras

Nombre*:carolina
Género*:Fantástio
Título*:la bruja de las rosas adormecedoras
Cuento:
El olor era fresco, recibía un suave perfume a rosas que me embriagaba y se hacía presente en todas las partes de mi cuerpo, era un olor atrayente e irresistible, que me empujaba a seguirle el rastro y a caminar cada vez con más desesperación y ansiedad, tenía la boca seca y estaba muerta de sed, pero sin embargo no podía detenerme ni un solo segundo a coger aire.
Un camino rosa era él que yo pisaba, un cielo rosa era él que yo veía, unos pétalos rosas eran los que me rozaban la cara, los brazos y las piernas al caminar, un rostro rodeado de pétalos de rosas de distintas tonalidades rosadas era lo que me esperaba al final de ese camino, un rostro de una mujer que cada vez parecía estar más cerca, y digo parecía porque ese rostro se iba acercando y aumentando de tamaño a cada paso que daba, pero aunque había caminado ya muchos kilómetros todavía no acababa de llegar a ella, y todavía no estaba a una distancia en que pudiera alargar mi mano y tocarla.
De aquella mujer solo se le veían los brazos y la cara, rodeada de pétalos, sus ojos, sus labios y los dedos de sus manos eran varios pétalos rosas muy juntos. Por su boca entreabierta soplaba y se escapaban más y más pétalos, que me servían de guías hacia ella, pero… ¿Quién era esa mujer? ¿Qué hacía yo en ese sitio? ¿Por qué quería llegar hasta ella? ¿De donde me conocía ella? ¿Por qué me llamaba tan intensamente? ¿Por qué no podía negarme a su llamada? ¿Por qué aquel olor a rosas hacía que me entrará sueño? Era un sueño encantador, un sueño que deseaba que me llegara y sentirlo con todo su poder pero al mismo tiempo me asustaba, porque al ser tan encantador tenía miedo de que una vez lo cogiera, ya no pudiera soltarlo, y permaneciese dormida sin poder volver a despertarme.
La lluvia de pétalos cesó, la señora habló con voz susurrante y provocativa:
- Ven acércate a mí, yo estoy aquí para librarte de ese sueño que te arrastra, yo te sacaré de él y haré que venzas este cansancio.
Y creyendo en sus palabras yo la seguí, pero no daba resultado, los párpados cada vez me pesaban más y ya caminaba en una posición casi sonámbula, entre los murmullos del aire que empujaban a los pétalos rosas, creí distinguir una risa irónica que se burlaba de mí, de mi presencia, de mi situación, quería saber de donde venía esa risa.
- Señora, ayúdame a que dejen de reírse de mí.
Pero la voz de la señora no volvió a oírse, solo se oía una risa escandalosa, el perfume cambió de olor, ahora ya no era un olor suave y fresco, era un olor igual de irresistible y atrayente pero al mismo tiempo era agrio y apestoso.
Los pies se me hundían en la tierra rosada a cada paso que avanzaba, los pétalos rosas me cortaban y me hacían sangrar al rozarme la piel. Deseaba chillar, pero la voz no me salía y mientras aquella risa seguía su curso cruelmente y yo mentalmente repetía una y otra vez: "¡Cállate, cállate, cállate!" Era una sensación insoportable ¿Cómo podría ser que un sueño tan bonito fuese a tener un final tan trágico? Y oyéndome a mí misma caí en la cuenta, todo eso era un sueño, yo estaba durmiendo, y recordé como había comenzado todo.
Esa noche había estado haciendo de canguro a una niña de siete años, me había pedido que leyera un cuento: la bruja de las rosas adormecedoras. En la portada estaba su foto, era la misma señora que me había estado llamando durante todo el rato, yo se lo había leído, pero al volver sus padres, despedirme de ellos, coger el dinero y volver a mi casa, había pensado en esa historia y había dicho textualmente hablando en voz alta conmigo misma estas palabras:
-¡Qué tontería de cuento! ¿Cómo va a existir una bruja que condene a las personas a un sueño eterno si se entera que se burlan de ella? Escúchame bien horrible bruja, yo no te tengo miedo y me río de ti en tu propia cara, venme a visitar si te atreves, esta noche en mis sueños.
Ahora sí que creía en la bruja, ahora estaba siendo víctima de ella, se estaba vengando de mis burlas, y yo estaba tremendamente arrepentida.
- Sé quién eres, sé porque estás haciéndome esto, perdóname, no creí que pudiera hacerte tanto daño, líbrame de este sueño, líbrame de esta pesadilla.
Pero ella parecía no hacerme caso, me derrumbé, y caí de rodillas sobre pétalos rosas cortantes, y lloré amargamente suplicándole perdón, y cuando los ojos me dolían de tanto llorar, noté que el olor agrio se había escapado de mi nariz, abrí los ojos muy despacio, miré a mi alrededor, estaba en mi cama, y en mi mesilla de noche había un papel rosado con perfume de rosas.
Escrito con tinta rosa estaba lo siguiente.
"Estás perdonada, pero ándate con cuidado, la próxima vez no te será tan fácil conseguir mi perdón."


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