7/6/17

: Ruleta Rusa

Nombre*:Gabriel Zas
Género*:Policiaco
Título*:Ruleta Rusa
Cuento:
Los cinco jóvenes se adentraron en un descampado a altas horas de la madrugada. Eran tres hombres y dos mujeres. El mayor del grupo era Tobías Ruíz. Tenía 34 años, era algo egocéntrico y bastante mujeriego. Le seguía Patricia Mornet de 32, una de las mujeres más bellas que había en Daireaux, un pequeño pueblo al oeste de la provincia de Buenos Aires. Estaba casada con Francisco Aguirre, también 32 años y el tercero en edad del grupo por una diferencia de cuatro meses con su esposa. Le seguían los hermanos Hernán y Renata Pescusi, de 31 y 29 años, respectivamente.
Los cinco eran amigos de toda la vida, prácticamente. Hacían todo juntos, eran inseparables. Claro que tenían sus propios problemas y diferencias como cualquiera, pero nada de otro mundo.
Aquélla noche fría, una vez en el llano, encendieron una fogata y se sentaron en ronda alrededor de ella. Cantaron canciones con una guitarra criolla que tocaba Hernán, bebieron litros de cerveza y contaron anécdotas.
Repentinamente, en medio de las risas y el grato momento que compartían juntos, Hernán dejó la guitarra a un lado y extrajo de su cintura un revólver calibre 38. Todos enmudecieron al mismo tiempo que se asustaron. Hernán los miró a todos uno por uno en silencio y sin la menor expresión en el rostro. El resto simplemente se privó de reaccionar ante la situación. Sin embargo, Francisco juntó el suficiente valor y se animó a preguntar.
_ ¿Qué hacés con eso, Hernán? ¡Dejate de joder!
Hernán se acercó hasta él y lo desafió con la mirada. Después de un escueto lapso de silencio, expresó sus deseos.
_ ¡Juguemos a la Ruleta Rusa! ¿O son unas gallinas?
Los cuatro amigos se miraron con miedo y dudas, pero finalmente aceptaron el reto creyendo que todo estaba bajo control y se dispusieron nuevamente en círculo. Hernán abrió el juego. Se disparó y nada. Le cedió el arma a Tobías, que estaba a su derecha. Se gatilló y nada. Fue el turno de Patricia, que logró el mismo resultado que los otros dos. Le trajinó el arma a Francisco, se gatilló y la bala salió con una potencia increíble. Él, sencillamente, cayó muerto. Desde ése momento, todo fue caos, estupor, descontrol y confusión. Todos estaban convencidos de que el arma verdaderamente estaba descargada, pero ésa idea resultó ser falsa.
Patricia se abalanzó impetuosamente sobre Hernán propinándole una serie de golpes de puño esparcidos a lo largo del torso, gritando y sollozando al mismo tiempo. Tobías y Renata tuvieron que acoplar todas sus fuerzas para separar a Patricia de Hernán, quien por el contrario, sólo mostró un esbozo indiferente sin inmutarse en lo más mínimo. Cuando lograron separarlos, dejaron solo a Hernán y los tres se sentaron preocupados a la orilla del lago que rodeaba al descampado. Patricia lloraba desconsoladamente y Renata la oprimió sobre su hombro para contenerla.
_ Somos unos idiotas._ se lamentó Tobías, nervioso_ Nunca debimos involucrarnos en una locura así.
_ ¡Se supone que el arma no tenía porqué estar cargada! ¡Se supone que debía ser algo inofensivo, no tratarse de un arma de verdad!_ gritó descontroladamente, Patricia.
_ ¡Vamos!_ Dijo Hernán sorprendido y fastidioso, a la vez_ ¿Cómo se supone que se juega a la Ruleta Rusa?
Tobías tuvo un impulso por abalanzarse impiedosamente sobre aquél, pero las dos mujeres lo evitaron a tiempo.
_ ¿Qué vamos a hacer?_ preguntó Renata, consternada.
_ Ocultar el arma, el cuerpo… Debemos aparentar que acá pasó otra cosa_ propuso Tobías.
_ La Policía tarde o temprano lo va a descubrir y nos van a acusar de encubrir el crimen_ retrucó Renata.
_ ¿Cuál crimen?_ indagó Tobías, enojado y en tono soberbio.
_ ¡Francisco está muerto por culpa nuestra… Por nuestra negligencia!_ arremetió asustada, Renata.
_ Fue un accidente._ objetó Tobías, algo más calmo_ Un infortunado accidente.
Patricia miró enojada a Hernán.
_ La culpa es tuya._ le dijo_ Vos sos el único responsable por su muerte.
_ No, no, se equivocan._ ironizó Hernán_ Todos aceptaron jugar, así que todos son tan responsables como yo de que Francisquito esté muerto. Homicidio culposo… Delito excarcelable o un máximo de 5 años en prisión efectiva. Pero como ninguno de nosotros tiene antecedentes y con los beneficios que existen…_ señaló, restándole importancia al asunto.
Los tres miraron a Hernán con resentimiento y odio.
_ Tenemos que pensar qué vamos a hacer._ dijo Tobías, contundente, mientras se ponía de pie_ Tenemos que resolver esto antes de que amanezca. La noche es tranquila y podemos actuar con mayor facilidad.
_ Estoy de acuerdo_ aceptó Renata.
Tobías desvió su mirada hacia el rostro de Patricia, quien estaba de brazos cruzados; con una mirada lánguida y muy afligida, perdida en el unísono.
_ ¿Y vos?... Mirá, entiendo tu dolor, de verdad que lo entiendo. Estamos todos iguales…
_ Casi todos…_ interrumpió Hernán, burlonamente.
_ ¡Callate la boca!_ lo amenazó Tobías_ Es mejor que te calles y no nos hagas perder la paciencia a ninguno de nosotros.
_ Si cubrimos nuestras huellas…_ intervino Patricia, ofuscada_ ¿Qué vamos a decir?
_ Primero, hay que arrojar el arma al lago para que la corriente se la lleve lejos._ proclamó Tobías_ Agarramos el cuerpo, lo enterramos por acá, nos vamos y mañana hacemos la denuncia como corresponde.
_ ¿La denuncia?_ preguntó Renata, apresada_ ¿Vos está loco, Tobías?
_ Diremos que Francisco se separó del grupo; o que lo dejamos en tal o cual lugar a cierta hora y que desde ése momento no volvimos a saber más nada de él. Pero debemos asegurarnos que para la Policía, nosotros nunca estuvimos acá.
_ Para mí, tenemos que hacernos cargo y decir las cosas tal y como realmente pasaron. No ganamos nada encubriendo un accidente_ opinó Renata.
_ ¿Para qué?_ dijo Tobías, en un tono de voz más elevado_ Nos van a pasar por encima. Vos sabés cómo funciona esto. Nos imputan, nos procesan, nos llevan a juicio, dibujan un poco la causa, manipulan las pruebas un poco a su conveniencia y vamos todos en cana.
_ ¿Puedo opinar?_ participó Hernán, levantando la mano.
_ ¡Callate, te dije!_ aclamó Tobías_ Por tu culpa es que estamos metidos en este quilombo.
_ Por culpa de todos_ corrigió Hernán, casi como burlándose de la situación.
Tobías lo amedrentó pero ambas mujeres lo calmaron.
_ Pelearnos no nos sirve de nada. ¡Déjense de joder y compórtense como adultos!_ sentenció Patricia.
_ Decíselo a Tobías_ repuso Hernán.
Patricia lo enfrentó.
_ Agradecé que no te mato a vos._ arremetió ella_ Ganas no me faltan.
_ ¡Uy, qué miedo!_ y Hernán, simplemente tomó una botella de cerveza que estaba dispersa en el piso y bebió un trago directo del pico.
_ ¿Están conmigo?_ preguntó Tobías, autoritario.
_ Mi padre nos puede ayudar. Es abogado defensor_ lanzó Renata.
_ ¿Es de confianza?_ preguntó Tobías con ciertas dudas.
_ Es mi Viejo.
_ ¿Y cómo sabemos que no nos va a traicionar?
Renata lo miró circunspecta y desafiante.
_ Ok, entendí._ se rindió Tobías_ ¿Qué proponés?
_ Contarle a él la verdad y que se encargue de que la Justicia crea un cien por ciento nuestra historia. Lo arregla, nos cubrimos entre nosotros, él nos avala, nos dejan tranquilos, cada uno sigue con su vida y nos olvidamos que esto pasó.
Tobías receló bastante de la propuesta, pero al fin dijo:
_Tenemos que hacerlo bien.
_ Él tiene muchos contactos._ aseguró Renata_ sabe cómo hacerlo. Está de lleno metido en el tema.
_ ¿Qué pensás, Patricia?_ inquirió Tobías, dirigiéndose a la aludida.
_ ¿Hay algún otra alternativa?_ preguntó ella, indecisa.
_ Ésta es la mejor opción que tenemos_ contestó Tobías.
_ Y bueno…_ expuso acatadamente.
_ Fijate el baúl del coche, Hernán, que tiene que haber una pala, de cuando fui ayer a ayudar a los muchachos de Monte Hermoso con la construcción de la obra_ indicó Tobías.
_ Qué oportuno: el señor tiene una pala en el equipaje del coche_ expresó con el mismo tono irónico de siempre, Hernán.
_ No jodas, dale.
_ ¡Es verdad!_ reflexionó súbitamente, Patricia_ ¿No era que se las ibas a devolver hoy a la tarde? ¿Por qué la conservás todavía?
_ Se me hizo tarde y les avisé que se las alcanzaba mañana, sino no llegaba para buscarlos a ustedes.
Todos miraron a Tobías de un modo extraño.
_ ¿Piensan que yo tengo algo que ver con la muerte de Francisco?_ reaccionó aturdido, Tobías.
_ Tenías un motivo._ agregó Patricia_ Te debía más de diez lucas y te cansaste de que no te pagase y lo enfrentaste… ¿O te olvidaste ya de eso? ¿Te acordás que yo presencié todo?
_ No digas pavadas, ¿querés? Además, el arma la tenía aquél tarado y la iniciativa de todo esto del jueguito fue suya.
_ A mí no me involucres con vos_ se defendió Hernán, pero lo ignoraron.
Toda la atención estaba centrada en Tobías.
_ Y vos aceptaste jugar._ continuó Patricia_ Mirá qué casualidad…
_ Porque ustedes aceptaron antes de que yo pudiese declinar la propuesta para que el bebito de Hernán no se ofendiera porque no jugábamos su enfermizo juego. No supondría ningún peligro para nadie.
_ Supusiste mal.
_ ¿Y vos, Genia, qué supusiste?
Hubo un silencio breve.
_ ¿Me vas a decir que tampoco lo pensaste?_ retomó Tobías_ Si vos misma lo dijiste antes.
_ Acepté porque nos conocemos de hace muchos años y no tuve motivos para dudar_ refrendó Patricia.
_ Yo tampoco tuve razones para dudar.
_ ¡Basta!_ intervino Renata, decidida_ La muerte de Francisco fue un accidente. Parecen dos criaturas peleándose por un juguete, che… ¡Por favor! Le pudo haber tocado a cualquiera de nosotros.
_ Estoy de acuerdo: accidente_ aseveró frívolamente, Tobías.
_ Lo mismo_ reafirmó Patricia.
_ Hernán: _ profirió Renata_ andá a buscar la pala, dale, colaborá en algo.
_ Las damas mandan_ respondió aquél, y obedeció.
_ ¿Por dónde lo vamos a enterrar?_ indagó Patricia.
Tobías recorrió el lugar con la vista, muy pausadamente.
_ Allá, al lado de aquél árbol._ dijo, señalando un gran espacio a unos pocos metros, cerca de la orilla de la laguna.
_ Tenemos que hacerlo rápido_ sugirió Patricia.
_ Haremos un hoyo superficial,_ dijo Tobías_ lo suficiente para que quepa Francisco y luego lo tapamos bien, con hojas y todo.
Hernán regresó con la pala.
_ ¿Por qué no cargamos el cuerpo en el baúl del coche y buscamos algún lugar más acorde? Por ahí, si lo dejamos al lado de la ruta…_ sugirió Hernán, un poco más serio que antes_ Acá es enterrarlo, limpiar y deshacernos de todo.
_ Tiene razón._ consideró Renata_ Enterrarlo acá es muy arriesgado. Además, perderíamos mucho tiempo cavando la fosa.
_ Sí, pero en la ruta nos puede ver alguien_ expresó Tobías.
_ Si no pasa un alma a estas horas de la madrugada._ remarcó Renata_ Buscamos un lugar aislado y listo.
_ Insisto en que es mejor enterrarlo acá_ confió Tobías.
Se escuchó que algo golpeó el agua de la laguna.
_ ¿Qué fue eso?_ preguntó Patricia, algo alarmada.
_ Fui yo._ repuso Hernán_ Tiré el arma antes que nos olvidemos.
_ ¿Acá o en otra parte?_ preguntó Renata en voz alta_ Ya perdimos mucho tiempo, ¿qué hacemos? Decidámoslo ahora.
_ Llamá al Viejo_ indicó Hernán, en una actitud completamente diferente a la que había adoptado hasta ése momento.
_ Mirá si lo voy a llamar tan tarde…_ se opuso Renata.
_ Él siempre se queda despierto hasta tarde, adelantando laburo.
_ Me parece una locura. Hay que explicarle todo así nomás ahora y no da. Tenemos que resolver esto por nuestra cuenta, urgente. Mañana lo agarramos tranquilo.
_ Mañana tiene un día muy complicado. Además, está acostumbrado a asesorar a las grandes mafias sobre éstas y otras cuestiones más delicadas.
_ ¿Abogado corrupto?_ preguntó Tobías_ Qué lindo, eh… Me encanta la ayuda.
_ La Policía es más corrupta, todavía._ dijo Renata_ ¿Sabés el despelote que nos pueden hacer? Corrupto con corrupto se soluciona todo. Es la fórmula que evidencia cómo funcionan las cosas en estos tiempos. De este modo, nos cubren…
_ Cubrirnos de algo que nunca hicimos…
Renata agarró el celular, marcó y estuvo unos minutos hablando con alguien. Cortó la comunicación y se dirigió al resto.
_ Hablé con papá_ lo miró a Hernán.
_ ¿Qué dijo?_ le respondió él.
_ Que lo llevemos a casa, que él se encarga personalmente de todo. No tenemos de qué preocuparnos.
Pero Tobías se mostró divergente al respecto.
_ Ésa es la peor idea de todas_ opinó firme.
_ Ya está decidido._ deslizó Renata_ Somos mayoría.
_ Falta la opinión de Patricia.
Y las miradas se desviaron hacia ella. Dejó fluir la palabra después de un instante de reflexión.
_ Si tu Viejo es experto en el tema…
_ Está hecho_ celebró Hernán.
Pero Tobías seguía oponiéndose a la iniciativa.
_ Todos ganamos_ lanzó Renata.
_ ¿A qué te referís?_ sonsacó Tobías, algo nervioso e intrigado, a la vez.
_ Pensalo de ésta forma: vos lo querías muerto por toda la Guita que te debía por el préstamo que le otorgaste hace cuatro años atrás; Patricia lo quería muerto porque le fui varias veces infiel…
_ Creí que eso estaba en el pasado… que ya lo habían hablado y archivado definitivamente… ¿Y vos lo querías muerto, también?_ le preguntó Tobías, audazmente.
_ Cuando se meten con mis amigos y con la gente que quiero, también se meten conmigo_ respondió ella, con frivolidad.
_ Me debía plata, sí… Pero era mi amigo._ replicó Tobías_ Éramos un grupo muy unido. Jamás deseé que le pasara algo semejante. ¿Y ustedes?
_ No._ respondió enseguida Renata_ Pero el destino nos hizo un favor y contamos con una enorme ventaja. Aprovechémosla un cien por ciento.
Tobías guardó silencio. Caminaba incesante, a la vez que prorrumpía una seguidilla de suspiros a modo de preocupación.
_ ¿En dónde lo vamos a llevar?_ se decidió al fin, Tobías.
_ En tu auto, ¿en dónde más, sino?_ disparó Hernán.
_ ¿Y si nos paran los de Tránsito? ¿Si nos frena Gendarmería, nos revisan y nos agarran?
_ ¿A ésta hora? Son casi las cuatro de la mañana. Soñás. Pero hay un camino alternativo y más seguro hasta lo de mi Viejo, si eso te tranquiliza.
Tobías asintió con un leve movimiento de cabeza.
Abrieron el baúl del coche y entre Hernán y Tobías cargaron el cuerpo de Francisco en su interior y lo cerraron.
_ Una última cosa_ dijo Tobías, antes de subir al vehículo.
_ ¿Y ahora, qué?_ se quejó Patricia.
_ ¿Cómo es que convenciste a tu Viejo de ayudarnos tan rápido?_ le preguntó a Renata.
Todos se miraron entre sí, al tiempo que Tobías vislumbró lo que realmente sucedía.
_ ¡Son unas basuras!_ lanzó Tobías, enojado y decepcionado_ Encima, me usaron… ¿Francisco te fue infiel con Renata, no? ¿Fue con ella, Patricia? Claro… Y en vez de romper con su amistad, decidieron arreglar las cosas de otra manera.
_ Se avivó de golpe_ ironizó Hernán.
_ Esto no fue ningún accidente… ¡Fue un asesinato detalladamente planificado! ¿Cómo lo hicieron, eh?
_ Matarlo de entrada iba a ser muy obvio._ dijo fríamente, Renata_ Así que le pedimos ayuda a mi Viejo. Nos dio el arma y preparó la bala para que saliese disparada en el cuarto tiro.
_ En la ronda, él tenía que ubicarse cuarto… armaron la ronda y dejaron a Francisco en cuarto lugar, lo dejaron forzosamente… Y yo, ingenuo, los ayudé para que eso fuese posible._ se lamentó profundamente, a la vez que se desesperó.
Hernán extrajo de su cintura el arma. Tobías se quedó atónito.
_ Lo que tiré al agua antes fue una piedra_ confesó Hernán.
_ Poníamos el cuerpo en tu coche,_ prosiguió Patricia_ quedaba evidencia, te plantábamos el arma en la guantera y con la influencia que tiene papá, te iban a condenar por homicidio simple y nosotros testificaríamos los tres en tu contra.
_ Fuiste la carnada perfecta, Tobías._ le dijo Renata_ Tenías también el motivo para el asesinato. No fue difícil manipularte, después de todo. Fue un plan ideado por la mente brillante del Viejo.
_ ¿No te diste cuenta, idiota_ explicó Hernán, con altivez_ que cuando saqué el arma para "jugar" no giré el tambor, como habitualmente se hace antes de comenzar a la Ruleta Rusa?_ y se echó a reír.
A traición, Patricia le asestó un golpe contundente por detrás de la cabeza con una piedra a Tobías que lo mató en el acto. Ella, simplemente, arrojó la piedra que utilizó para darle muerte a la laguna y miró a los otros dos con los ojos brillosos y con una sonrisa enigmática en su rostro.
_ Tobías nos iba a delatar_ dijo satisfecha.
Los tres amigos celebraron el triunfo de su maléfico plan.


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