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22/11/17

: La Carta que no leyo Neferet.

Nombre*:Massiel Hudson
Género*:Drama
Título*:La Carta que no leyo Neferet.
Cuento:
Mi tiempo se ha ido en puros recuerdos de los que no he logrado por ni un segundo olvidar. Con demasiada intensidad fueron aquellas vivencias que tuve que en mi memoria se siente igual. Creo que si hay algo que no podría cambiar serían las últimas vivencias que tuve con Neferet. Ella ha sido la mujer más importante para mí y lo será para siempre y tengo razón al decirlo aunque muchos reaccionen de forma incrédula al escucharme decir esto.
Neferet y yo nos hemos conocido desde hace un año y algunos meses, la primera vez que la caminaba sobre la acera; portaba ese vestido marrón a la rodilla, un sombrero color marfil del que se asomaba su castaño y ondulado cabello; yo me encontraba en el café de la librería sosteniendo el diario y pensando en nuevas ideas para escribir, ella sostenía un libro en la mano y se dirigía a esa dirección. Debo ser franco, porque desde aquel día intercambiamos miradas y hasta en algún momento pensé intercambiar palabras.
Seguí en mis asuntos y así transcurrieron los días. Comencé a escribir un nuevo proyecto con mucho entusiasmo. Diariamente me sentaba en aquel café e igualmente veía a Neferet acudir a la librería. Por lo que sentí necesidad de comenzar una conversación con ella; e incluso imaginaba posibles escenarios donde seguíamos una amena conversación; pensaba en cuáles eran sus gustos, su profesión y en un mundo de opciones por descubrir de ella.
Ya una vez en mi departamento, continúe con mi proyecto. De repente mi atención se desvió por varios minutos, Recordé a Neferet pensando en que tal vez ella también era una escritora amateur o con experiencia, o tal vez en que tenía un gusto exagerado por la lectura, lo que me resultaba interesante y me inclinaba mayormente para iniciar algún tipo de gesto con ella.
Debo confesar que las cosas se dieron de forma distinta a lo previsto. Cierto día me encontraba en el mismo lugar, aquel día llovía a cantaros, para infortunio mío, días anteriores acorde llevar mi proyecto a una editorial con un amigo, pero aquel día debí olvidar mi proyecto en casa ¡soy un maldito idiota! Por lo que tuve que retornar a casa por dicho proyecto. Salí corriendo, pero olvide mi bufanda y mi sombrero sobre el perchero que estaba junto a la mesa.
Durante esa tarde debía encontrarme con un amigo que tiene a cargo una compañía editorial, ese encuentro tuvo como propósito mostrarle mi proyecto y hablarle del futuro del mismo. Para no entrar en detalles la reunión, se extendió más tiempo del estimado. Pasamos de un café a un vino. De ahora en adelante me dirigiré a mi amigo como el Hombre "J" para no mencionar detalles innecesarios. El hombre "J" estaba fascinado con mi proyecto, le parece una idea muy ambiciosa como publicación, que puede darle renombre a su compañía editorial.
Ciertamente aquella reunión me dejo en ascuas y conmocionado. A la mañana siguiente, el clima había empeorado, me preparaba para acudir a la librería como de costumbre. Me coloque la gabardina, busque mi sombrero y mi bufanda, los cuales no encontré. De la misma forma no le brinde preocupación, solo que el frio y la llovizna eran tan crueles durante esa mañana. Al llegar a la librería me dirigí con el chico que atendía en la caja y le pregunte por mi sombrero y mi bufanda, el chico rápidamente buscó. En un santiamén Neferet estaba a mi lado, le lance una sonrisa y me saludo sonriente.
En seguida me sentí nervioso y sonrojado sin dejar de lado lo estúpido que podía verme. De no haber sido por la interrupción del encargado al entregarme mis accesorios, no hubiera tenido ideas para comenzar una conversación. Gire completamente hacia ella y le dije:
Hola, gusto en hablar contigo
- igualmente ¿es la primera vez que vienes aquí? Aunque sé que eso fue estúpido e irrelevante.
No, es mi lugar de costumbre. De hecho me reúno aquí de vez en cuando con algunos de mis clientes para ayudarles con sus textos.

- éste es mi lugar predilecto para pasar el rato. Ya sabes leer y tomar un café… ¡Que poco amable soy! Permíteme invitarte algo y charlar.
- Es buena idea. Sonrió
Soy Carlo Mateo
- Soy Neferet.
Nos sentamos en una mesa frente a un ventanal. Neferet posee unos enormes ojos cafés como una mujer en una pintura renacentista, una nariz de perfil europeo muy fuerte, unos labios largos y carnosos con un color rojo natural, su tez pálida poco coloreada de amarillo muy tenue. Tiene unas mejillas muy simpáticas. Bien pudo ser una modelo para pintura renacentista. Su cabello castaño y ondulado que apenas el largo de su cabello llega a sus hombros ¡Que puedo decir! Su manera de expresarse es muy apropiada, cada vez que habla me recuerda a Ofelia uno de los personajes de Shakespeare.
Su mirada poseía una ternura no por lo que había en sus ojos, sino por la esencia que emanaba de su ser. Su piel era traslucida podían notarse las venas en sus parpados y frente. En mis pensamientos adulaba su voz y las palabras que empleaba. Sin duda alguna, se notaba lo mucho que había cultivado su conocimiento desde niña.
El dialogo con Neferet fue de esas ocasiones que se puede con seguridad abrir el baúl de los recuerdos y de las más valiosas enseñanzas de la vida porque la esencia de la conversación va más allá de unas cuantas palabras. Aprecio con creces cada segundo que pasamos aquel día. Durante aquella conversación que tuvimos. Me conto que se dedica a la interpretación de textos en inglés, francés y latín
-Es tarde, ignore completamente la hora- Dijo Neferet.
Siento haberte quitado el tiempo y haber perdido noción completa de él. Contesté.
-No es personal, Tengo pendientes en cuanto al trabajo. La pasé excelente
Espero verte próximamente. Fue un gran placer compartir contigo experiencias y sobretodo conocerte.
¡Gracias por todo! Te veré después, Carlo Mateo.
Y así fue por varios meses, debo aclarar no siempre íbamos a la librería; de repente dábamos un paseo en el parque, asistíamos a exposiciones pictóricas, disfrutábamos un buen concierto de la orquestra sinfónica o filarmónica, amábamos ir a obras de teatro. Aún recuerdo cuando fuimos a ver "Réquiem por una mujer" del norteamericano William Faulkner, portaba una falda que le entallaba muy bien a su cuerpo delgado, una blusa blanca con solapa redondeada en el cuello, su cabello ondeado con una flor roja en la cabeza, llevaba poco maquillaje casi parecía al natural. Su sonrisa estaba llena de vida y su forma de hablar conmigo me metía en una encrucijada entre mis ganas de estar con ella y admirarla.
Después de que cada día con ella se ganaba el mérito de pertenecer a mi anecdotario, pensé en formalizar nuestra relación. Había pasado medio año de salidas y esas cosas pero nunca le había dicho lo que sentía por ella. Sabía que no iba a algo sencillo de hablar y con sus dificultades como cualquier pareja. No sólo tome en cuenta el sentimentalismo, sino las consecuencias que se presentarían más adelante.
Tome en cuenta si ella antes había amado, pues nunca había mencionado alguna relación la cual fuera entrañable o indigna de recordar, en mi experiencia yo había tenido amoríos con algunas mujeres, pero nada memorables ni fructíferas. Si Neferet había tenido alguna experiencia como lo anterior, no iba a ser problema ni impedimento para que nuestra relación continuara. En esa cuestión Neferet se reservaba comentarios de ese tipo o evadía la conversación. ¿Qué puedo decir? El tiempo junto a ella no necesitaba conversaciones llenas de trivialidad.

Teníamos 32 años de edad Neferet y yo. En ese mismo año mis proyectos literarios comenzaban a dar frutos, la compañía editorial me contrató. En cuanto a dinero, no me faltaba; También dispuse hacer formal mi relación con Neferet, nos casamos por el civil, la recepción de la boda fue algo muy privado en el rancho de mis padres, no había más de 30 personas juntas incluyendo amigos y familiares de Neferet. Recibimos halagos, todos querían fotografiarse con nosotros.
La noche de bodas fue tan especial desde que salimos de la ciudad y nos dirigimos hacia Olvera. En nuestro viaje tuve la más hermosa compañía, sabía que pocas mujeres eran como ella y eso me hacía aún más feliz. Lleve conmigo mi diario, así podría escribir algún proyecto o concluir otro. Para ser honesto, nunca pensé en tener una relación marital, aunque ya soy algo grande para evadirlo.
El ambiente de nuestra relación era muy favorable incluyendo la casa donde vivíamos cerca del centro, la cual adquirimos con los ahorros de ambos. Era una casa pequeña, pero bien decorada y un garaje que jamás utilizábamos, pues no contábamos con un automóvil. Lo más significativo era el librero retacado de libros en cada espacio. Tantos libros teníamos entre ambos que llenamos un sólo cuarto de varios estantes para lograr su acomodo.
Una ocasión desperté para continuar con un proyecto literario que traía en mente desde hace algunos meses. El tema principal del proyecto era el desamor de forma narrativa. Me puse algunas novelas y poesía para darme alguna idea. Al cabo de unas horas detuve mi escritura para leer lo que ya había escrito ¡debía estar avergonzado! Era un texto mediocre, parece que no lograba entender lo que el desamor significaba y mucho menos lograba plasmarlo en el papel. Necesitaba algo más que solo novelas, poesías o incluso obras teatrales. Intente recordar algunas vivencias ajenas sobre el tópico, anoté características de los personajes, escenarios y emociones posibles. Le puse mucho empeño a ese proyecto los siguientes meses, después de un tiempo me dedique a terminar otros pendientes con los que podría lucrar en el ámbito literario. El tema del desamor, lo deje por la paz. Sabía que la inspiración llegaría para concluirlo.
Neferet siempre me pareció un nombre excesivamente original y carismático. Ella hace alusión a su nombre y su modo de vida habla por sí mismo. Yo era feliz descubriendo a Neferet cada día a pesar de haberla conocido ya desde hace varios meses atrás. A veces no concedía que Neferet y yo éramos muy felices; jamás imagine que la mujer que vi aquel día caminando sobre la acera iba a formar una parte muy esencial en mi vida.
Lo que parecía agradable, afable e interminable estaba por cambiar. Hubiera preferido omitir los hechos, pero no tuve control de lo que paso. Es como si algo o alguien se hubiera apoderado de la situación tomando ventaja y haciendo borroso cada anhelo. Indiscutiblemente aconteció lo inimaginable, sin precedente alguno.
Plasencia, 31 de mayo de 1956
Mi amada Neferet
Ahora he perdido tu afecto, tu calor, incluso tus miradas. Jamás noté el momento en el que lo hiciste o el detonador que hizo que te separaras de mí. Nunca me miraste con frialdad como para que asumiera que lo nuestro estaba a punto de colapsar. He visto que tocas nuestras fotos con emotividad hasta el punto que una lágrima sale de tus ojos, te sientas en el sofá y prefieres la soledad a pasar tiempo con tus libros y tus traducciones pendientes.
Has cambiado salir a medio día al lugar donde nos conocimos para pasarrato en el balcón fumando hasta terminar con una cajetilla. Cambiaste tu carga de trabajo por solo mirar melancólicamente tu taza de café hasta el último trago. Convertiste los momentos de asistencia al teatro por solo repasar poemas de Goethe. Incluso has pensado en mudarte a otro sitio deliberadamente, es decir dejando todo atrás incluyendo el pasado juntos.

Notoriamente has escrito cartas para cambiar de trabajo y así poder hacer otra vida en algún sitio más reconfortante para olvidar el pasado que puede arrastrarte al abismo de la depresión. Algo de lo que he querido decirte es que a pesar de que esto haya llegado a su fin es que te amo y nada de lo que hagas lo puede cambiar.
Reconozco que tu frialdad se debe a que deseas superarme, pero resulta ilógico, pues todos esos años que pasamos juntos a partir de que nos conocimos serán trabajo difícil para cualquiera de los dos dejar de correr tras el viento que es el único que se llevara las remembranzas para que podamos estar en paz. Parece que hallaras esa paz antes de que yo lo haga, en las siguientes líneas expresaré el porqué.
Hace unos días saliste con un hermoso vestido blanco y unos zapatos bajos, que si pudiera decirte lo hermosa que te veías lo hubiera hecho. Te dirigiste hacia el parque y esperaste en una banca muy impaciente. El lugar al que veías meditabunda y sigilosamente no era más que el lugar donde nos conocimos, pude sentir que ni eso funcionaria para arreglar lo nuestro. De pronto, llego un hombre unos diez años mayor que tú, con un bigote elegantemente afeitado ¡era todo un catrín! quien estirando su mano para que la tomaras, te llevo a cenar. Cualquier acto contrario a una nueva relación seria en vano, por lo que no quise agotar mis últimas fuerzas.
Quedaría como palurdo al tratar de impedirte que seas feliz. El tiempo que vivimos juntos no se puede retroceder ni con el mayor esfuerzo ahora. ¡Siempre deje que fueras feliz! Y ahora con justificación no podría detenerte.
Esta nueva relación no te complace del todo como para eliminar los recuerdos para pensar en un porvenir, al contrario es frustrante para ti y todo tu pasado, aceptar a alguien más formar parte de ellos. Lo único que me queda decirte es que seas feliz y espero que lo sigas haciendo lo que más amas o encuentres a alguien con quien lograrlo. Porque aquí donde me encuentro nada de lo que te he escrito podría hacer. El lugar, es el más lúgubre. Aquí considero la vida como efímera, desdeñosa pero a la vez cálida y grata cuando encuentras la forma de sobrellevar todas las desgracias. Aquí no puedes retroceder el tiempo ni puedes encontrar la manera de volver con quien más lo deseas. Si tan solo hubiera visto que mi vida estaba a punto de terminar, te hubiera escrito estas palabras. Aunque ni siquiera vi el día en que partí para no volver jamás, mi hermosa Neferet.
Al principio me sentía solo y sin respuestas, pero haciendo memoria de cómo fueron mis últimos años a tu lado, no puede ser la forma más grata de haberme ido, pero desearía no haberte visto sufrir y ser yo quien estuviera así. No obstante, he encontrado el lugar donde la infelicidad no cabe, el rencor, la envidia tienen lugar, puesto que un muerto no tiene mucho que hacer en la sombría y menesterosa tumba. He ido encontrando mi descanso y dejando atrás mis infortunios, así he decidido continuar.
Con todo mi amor y ternura, hasta nunca.
Carlo Mateo.
Esta fue la única manera en que conocí el desamor como jamás lo había concebido. Ni en vida tuve la idea de que la muerte seria lo único que reflejara el desamor y menos que el personaje principal seria yo. Si lo hubiera sufrido en vida desearía estar muerto para eliminar todo malestar. No tengo nada que reprochar, como moraleja fue grandioso.
Y así se esparcieron poco a poco mis fuerzas para seguir amando, cuidando, disfrutando a quien había hecho lo mismo por mí, pues yo un muerto que ni haciendo su mejor esfuerzo podría regresar el tiempo. No tiene algún sentido aferrarse. Uno de mis últimos recuerdos, fue el mismo momento en el que me desvanecí y así perdí cada uno de mis sentidos. Estar muerto libera, solo si se deja atrás todo lo que en un momento fue y jamás volverá. Sería un infeliz si a cada momento volviera la mirada hacia atrás para buscar a Neferet. Mientras tanto seguiré muerto, no puedo dar consuelo a quien sufre cada día en mi muerte, a quien no me tiene más en casa. Desde aquí no puedo hacer más que estar en descanso, pues estoy condenado a hundirme en él.

Sé que las huellas de que alguna vez estuve caminando por la alameda, el parque, los pasillos del teatro se borraran al paso del tiempo. De las cosas que me siento satisfecho, son los escritos que relatan metafóricamente algunos momentos de mi.


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